Marte, ¿prioridad?, ¿una alternativa viable a la tierra?

Marte, ¿prioridad?

“Ock, ohem, oktei, wies, Barsoom”, decía John Carter al final de la película del mismo nombre para activar el medallón que le trasportaría “InterMundos” hasta su amada Dejah Thoris, Princesa de Marte.

Ningún otro planeta ha ejercido una fascinación tan permanente y tan intensa en el ser humano. Los sumerios, considerados la civilización más antigua del mundo, lo creían el dios de la plaga y la guerra por el color rojizo del óxido de hierro de su superficie, que se puede apreciar a simple vista. Aristóteles, Ptolomeo y Galileo —el primero en verlo a través de un telescopio—, estudiaron su distancia y movimiento. Schiaparelli, al usar uno de baja resolución, creyó ver canales en su superficie, y Percival Lowell, alimentó la especulación —desatando un tsunami de imaginación— sobre la posibilidad de que el planeta albergara vida inteligente.

Marte ha sido asociado con la guerra, masculinidad y juventud. La testosterona es la principal hormona sexual masculina, esencial para el incremento de la masa muscular y ósea, salud, bienestar y fuerza. No es extraño que el símbolo del planeta y del género masculino, sea común a ambos: 

Pero la testosterona mezclada con el ego, provocan guerras que sólo están consiguiendo devastar nuestro planeta. Estamos “marteformando” la Tierra. Resulta paradójico que ahora queramos ir a Marte para hacer el proceso inverso. Lógicamente uno se pregunta si ese esfuerzo colosal, no habría que emplearlo en limpiar nuestra casa antes de ir a redecorar otra.

Algunas de las razones que están llevando al ser humano a considerar otras alternativas

Somos tremendos generadores de basura, y la espacial es un grave problema. Un trozo de plástico de 15 cm viajando a 15 Km por segundo —velocidad orbital normal— abre un agujero inmenso en un bloque grueso de aluminio. La estación espacial China Tiangong-1 cayó hace poco en el Pacífico, pero podía haberlo hecho en un centro urbano. Y éste es uno de los problemas que se quiere resolver. En este momento, todos los huevos están en la misma cesta, y si un meteorito de varios kilómetros de diámetro —algunos meteoros llegan a alcanzar 72 Km por segundo— impactara con la Tierra a esa velocidad, sería el fin de la vida tal y como la conocemos.

Esto ya ha ocurrido. Se cree que un asteroide de 10kms de diámetro a 22 kmps colisionó con el planeta en la península de Yucatán, creando una energía kinética similar a la de 300 millones de bombas nucleares, levantando una nube de polvo de 4.000 Km que tapó el sol y sumió al planeta a bajísimas temperaturas durante 5 años, extinguiendo a los dinosaurios, que vivieron felices sin preocuparse de ese mortal juego de billar cósmico durante unos 160 millones de años. Nosotros, en cambio, sólo estamos aquí desde hace unos 100 mil años.

“La pregunta no es si caerá algún meteoro que acabará con la vida en el planeta, sino CUÁNDO”

La superficie de nuestra luna, o la de Marte, están llenas del acné de los incontables impactos de cuerpos celestiales, muchos enviados en nuestra dirección, cortesía de la gravedad de Júpiter, al que habría que agradecer los meteoros con agua congelada, de la que surgió la vida. Nuestra atmósfera nos protege de los más pequeños vaporizándolos por la fricción. Los más grandes, como el de Cheliábinsk, caído el 15 de Febrero de 2013, explotó con una potencia 300 veces la de Hiroshima. Causó muchos daños y no llegó a vaporizarse, porque se recuperaron trozos desde 5 mm a 650 Kg. Este último, afortunadamente en un lago, de manera que la pregunta no es si caerá algún meteoro que acabará con la vida en el planeta, sino CUÁNDO. La carambola final está garantizada. Lo que no sabemos es cuánto tiempo —cósmico— nos queda. Segundos, días, años, o siglos.

Las agencias espaciales hacen un seguimiento de los meteoros y basura espacial lo mejor que permite la tecnología actual —Esta website enseña un mapa en tiempo real de los objetos actualmente en órbita alrededor de nuestro planeta—, pero hay cuerpos celestes que no conocemos, que no están siendo observados y que por su tamaño o colisiones con otros, pueden dividirse o cambiar su trayectoria y sorprendernos durmiendo. Estamos experimentando un “que viene el lobo”, con la seguridad de que el lobo vendrá, pero sin saber cuándo. Y mientras tanto las ovejas se burlan. El lobo ya atacó varias veces.

Otra de esas veces fue en Tunguska. Se cree que un meteoroide —probablemente hielo— detonó en el aire el 30 de Junio de 1908 con una potencia de 30 megatones, incendiando y derribando árboles en un área de 2.150km² y haciendo caer caballos y gente al suelo a 400 km de distancia. Afortunadamente cayó en una zona deshabitada, de lo contrario podría haber destruido una gran ciudad. Este evento fue el que inició las estrategias de mitigación de asteroides, o formas de prevenir impactos catastróficos. Estamos hablando aquí nivel extinción de la raza humana. Y puede ocurrir en cualquier momento.

Hay otros peligros como las llamaradas solares, que pueden hacernos aprender que depender tanto de una única fuente de energía —como la electricidad— es una locura, ya que su falta podría dejar el planeta paralizado durante meses, revirtiéndolo a una edad oscura —nunca mejor dicho— y a otra extinción. Científicos de Harvard han calculado que las súper llamaradas suelen ocurrir cada 20 millones de años y se espera que en los próximos 100 años, nos veamos afectados por una que no sólo cortará la energía del planeta, sino la de satélites, internet, sistemas de refrigeración de centrales nucleares que fundirá sus núcleos —hay 700 activas en el planeta, pesadilla Fukushima a escala global— afectará la capa de ozono y mutará el ADN. Aparentemente en el 1859 hubo una menor —El Evento Carrington— que causó fallos en el telégrafo. En el 2012 ocurrió otra sin mayores consecuencias, ya que pasó al lado de la Tierra. En Agosto de este año, la NASA planea enviar la Sonda Solar Parker a la corona solar para entender más nuestra estrella y su radiación. En el año 2017, hubo tornados, huracanes y terremotos sin precedentes que dejaron muchas poblaciones sin agua ni electricidad durante semanas. En el momento de escribir esto, 1.700 personas en la isla más grande de Hawaii, han sido evacuadas debido a que lava del volcán Kilahuea ha surgido del suelo en barrios residenciales. Vivimos en un mundo impredecible en el que creemos tener el control.

marte

Menciono esto, para esbozar las razones que no dependen de nosotros que están llevando al ser humano a considerar otras alternativas, como el ir a otros planetas.

Las que sí dependen (como la contaminación atmosférica, la falta de recursos debido a la superpoblación —ya hay granjas y restaurantes proteínicos de insectos y cucarachas—, el crecimiento de armamento y centrales nucleares que dependen de la electricidad para su refrigeración, las continuas guerras y amenazas terroristas, el cambio climático que derrite el permafrost y revive virus mortales dormidos hace miles de años —no estamos preparados para una pandemia natural o creada por el hombre, que puede ocurrir en la próxima década—, la polución de los océanos con plástico —que llega a nuestros cuerpos a través de la comida como partículas microscópicas—, con radiación nuclear, mercurio y anisakis, la desaparición progresiva de abejas, corales, glaciares, osos polares, y la dependencia obsesiva de fuentes de energía no renovables), están sujetas a interminables debates políticos, la falta de educación científica, al resurgimiento del populismo, a un esfuerzo económico y social muy costoso, y son razones difíciles de arreglar por la dificultad que tenemos en ponernos de acuerdo y la facilidad en quejarnos y culpar a los demás.

Como decía C3PO: “Estamos condenados”. El lobo ya está aquí. A los corderos sólo les queda salir corriendo a algún sitio cercano, poniendo bases en la Luna para poder dar el salto, como sugiere Pedro Duque, leyenda de la exploración espacial Europea.

Aún así, hay soluciones para algunos problemas. Algunas absurdas, como la de continuar invirtiendo en armamento militar en lugar de en educación, para asegurar la paz y evitar las guerras, lo que crea un círculo vicioso. O se está modificando el DNA de las cabras y gusanos de seda para incluir proteína de hilo de araña y conseguir un material que mezclado con piel humana, nos haga resistentes a las balas. Increíble pero ya hay vídeos mostrando esta capacidad, en lugar de modificar nuestra forma de pensar, que es lo que habría que hacer para vivir en paz.

Otras soluciones parecen más razonables, como la recién inaugurada central eléctrica en Islandia que mineraliza el CO² del aire. O las iniciativas Europeas para la reducción de plásticos de un solo uso. El fin de la guerra Coreana. La prohibición de pesticidas neonicotinoides —esperanza para las abejas—, o los proyectos de limpieza del mar, —ya en operación—, o la concienciación cada vez mayor sobre la sustitución de la alimentación animal por la vegetal.

“Mientras se arregla todo esto, la alternativa de sacar algunos huevos de la cesta parece prioritaria, ya sea colonizar Marte o la Luna, ambas con una cierta posibilidad de albergar agua esencial para la vida”

En España, los cubiertos de plástico de usar y tirar estarán prohibidos en el 2020, y aunque se recicla, el hacerlo con el plástico no sirve de mucho —los plásticos reciclados se degradan y terminan siendo inusables—. Los motores de gasoil también lo empiezan a estar. Se usa energía solar a pesar del frenazo legislativo que recibió España, siendo el país Europeo que recibe más irradiación solar. El Tribunal Administrativo de Contratación Pública (TACP), ha desestimado un intento de las eléctricas de anular una licitación que da derecho a ser la comercializadora eléctrica de la capital por el etiquetado A —expedido por la Comisión Nacional de Mercados y Competencia—, que exige al adjudicatario vender exclusivamente energía renovable. Las eléctricas no cumplen con este requisito.

Son pasos en la dirección correcta, pero aún queda mucho camino por recorrer para que sea un país con energías renovables, autosuficiente y ecosistemático sin polución.

Mientras se arregla todo esto, la alternativa de sacar algunos huevos de la cesta parece prioritaria, ya sea colonizar Marte o la Luna, ambas con una cierta posibilidad de albergar agua esencial para la vida.

¿Pero es Marte una alternativa viable?

Marte dista mucho de ser un sitio hospitalario. Por algo se le ha asociado con el dios de la guerra. No tiene magnetosfera ni atmósfera. Tiene poca presión atmosférica —lo que elimina la posibilidad de agua líquida—, pero se han descubierto casquetes polares y el polo sur marciano es el mayor del sistema solar interior, sin contar la tierra.

Su composición parece ser la de un gran depósito de agua cubierto por una capa más fina de hielo seco (dióxido de carbono congelado). Las fotos que enseñan marcas y texturas en la superficie de evidentes desplazamientos en ella, parecen más bien caudales de arena que se desplazan haciéndonos creer que pudiera ser agua, pero que no lo es.  Se han encontrado también columnas de hielo a 100 metros bajo la superficie, pero pudiera ser también dióxido de carbono, con lo que no hay seguridad completa de que haya realmente agua o de su calidad.

Debido a la falta de gravedad —una persona de 100 Kg pesaría 38 Kg en Marte—, la cantidad de eritrocitos en sangre disminuiría y afectaría al sistema inmune. Hace frío —el rango de temperaturas es de -140°C a 30°C—, y está siendo constantemente bombardeado por rayos ultravioleta y radiación.

“Cuando los humanos lleguemos a Marte, llevaremos con nosotros bacterias y enfermedades que Marte no conoce”

En la superficie hay percloratos que al calentarse por los rayos ultravioleta, destruyen todo tipo de materiales orgánicos, como las células humanas y suprimen la función de las glándulas tiroides y aumentan la presión sanguínea, causando daños a los pulmones. Hay enormes tormentas de polvo —de 160km/h— que engloban el planeta entero durante semanas, y continuas dudas sobre si hay vida microscópica —la que acabó paradójicamente con los invasores marcianos en La Guerra de Los Mundos—, con lo que la seguridad biológica interplanetaria es algo a tener en cuenta.

A pesar de que la construcción de sondas y naves espaciales se realiza en ambientes esterilizados, la vida siempre encuentra una salida. Una nueva bacteria, la Tersicoccus phoenicis ha sido descubierta en dos centros espaciales separados por miles de kilómetros y en lugares esterilizados. Y hay un intercambio planetario que viaja en los meteoritos. Así se fecunda el Universo. Cuando los humanos lleguemos a Marte, llevaremos con nosotros bacterias y enfermedades que Marte no conoce. Y si volvemos a la Tierra, puede que la contaminemos con bacterias marcianas. Falta también resolver los problemas de la exposición humana a la radiación espacial, —con lo que se está pensando en vivir en el subsuelo o en construcciones que protejan de esa radiación.

A pesar de todas estas dificultades, se sigue adelante con el proyecto de exploración. Hay academias espaciales de ciencia astronáutica como el proyecto POSSUM, con precios más competitivos que cualquier universidad y asegurando trabajo. Esto se está moviendo muy rápido. Está claro que muchas entidades científicas están creando distintos proyectos con un mismo fin. A veces me hace preguntarme si hay algo que no nos han dicho para que esto esté sucediendo tan deprisa, porque aún no sabemos mucho sobre el planeta que pretendemos colonizar, con lo que espero que esto no se convierta en una misión suicida en lo que parece una huída desesperante. Nunca ha habido tanto dinero invertido ni determinación en ningún proyecto humano, excepto quizá las pirámides.

Se acaba de lanzar la nave Insight de la NASA, que presumiblemente aterrizará en Marte el 26 de Noviembre de este año, para estudiar el interior del planeta rojo, en la que España ha colaborado con TWINS, instrumento que medirá las condiciones ambientales —si consigue evitar el desastroso destino de la sonda Europea Schiaparelli y aterrizar de forma segura, ya que viaja a 22.530 Km/h y sólo dispondrá de 6 minutos para reducir la velocidad antes de posarse, debido a la falta de atmósfera en Marte—. El mayor de la ciudad de Los Ángeles acaba de dar permiso a Space X—la compañía de Elon Musk—, para construir la fábrica que hará los cohetes Falcon que nos llevarán a Marte.

La búsqueda de planetas parecidos a la Tierra se está acelerando, y cada vez se están encontrando más. Los telescopios en tierra poco más pueden hacer para determinar la existencia de exoplanetas, por lo que se acaba de lanzar el satélite TESS, cuya misión será la de monitorear 200.000 estrellas para descubrir más. La Nasa ha desarrollado el motor iónico X3, para reducir el viaje al planeta rojo, de 18 meses a 39 días y también planea el crear en el planeta un campo magnético — con una estructura inflable— que pueda generar un campo dipolo de 1 o 2 Tesla (o 10,000 a 20,000 Gauss) como escudo activo contra el viento solar y poder devolver a Marte su atmósfera, lo que creará la posibilidad de agua líquida en la superficie, esencial para la colonización humana.

Pedro Duque, habla de que queda mucho aún por explorar en Marte. Neil deGrasse Tyson, en cambio, dice que nunca colonizaremos Marte, ya que es inhospitalario y no se pueden hacer cambios a nivel global. Puntos de vista opuestos sobre la “fiebre del oro marciana” que parece haberse desatado en estos últimos años.

fiebre del oro, california
Reclamo publicitario del 1850 para captar buscadores de oro.

A muchos les parecerá que todo esto es ciencia ficción, que hay mucha noticia falsa y que nada de esto es necesario. Las redes sociales están alimentando un lado oscuro del ser humano que parece estar quejándose de todo y de todos, en lugar de admirar y disfrutar la simplicidad y maravillas que nos rodean, incluido el Cosmos. Ha resurgido la creencia de que la Tierra es plana. Mucha gente que no cree que el hombre pisara la Luna en 1969 —debido a la creencia de que no se puede atravesar la radiación del cinturón Van Allen—, tampoco cree en la primera misión tripulada a Marte en el 2024. Muchos la consideran una locura, porque será una misión suicida, sin darse cuenta de que lo lógico sería enviar robots primero para preparar la llegada de los seres humanos.

Esto refleja el cinismo reinante, ya que usamos coches autodirigidos y móviles con inteligencia artificial, a la vez que no confiamos en la comunidad científica, debido a nuestra falta de cultura sobre estos temas. Otros piensan que la prioridad es arreglar nuestros problemas políticos y económicos aquí antes de ir allá. Pero esos problemas nunca han dejado de existir desde que el ser humano apareció en el planeta. ¿Realmente los queremos arreglar? ¿No hemos sido nosotros los que los hemos creado en primer lugar? ¿No estamos arreglándolos y desarreglándolos a lo largo de los siglos? ¿No decía Einstein que los problemas no se pueden resolver con la misma forma de pensar que los creó? ¿Estamos realmente cambiando esa forma de pensar o perpetuándola? Lo que vemos fuera, es el resultado de lo que llevamos dentro. Puesto que “querer es poder”, la pregunta es si realmente los QUEREMOS arreglar. En este planeta, los humanos se comportan como un cáncer. Y los cánceres quieren crecer. Aunque eso suponga matar a su anfitrión, e invadir otro. El cáncer y el ego, son muy similares y tienen los mismos objetivos. Y son suicidas.

A veces pienso si toda la comunidad científica irá a Marte y a nosotros nos dejarán atrás con nuestras formas tóxicas de pensar. Ya llevan años advirtiéndonos y nosotros continuamos ignorándolos.

“Ya somos demasiados cociéndonos en nuestra propia salsa durante mucho tiempo, y el ir a Marte es como un soplo de aire exótico de desierto, de aventura. Un reto en toda regla. Barsoom nos llama”

El jefe de la NASA, Charles Bolden dijo en el 2014 que: “Para asegurar la supervivencia de la especie humana a largo plazo, hay que convertirla en una que habite muchos planetas”. Y hace poco, Jeff Bezos, multimillonario fundador de Amazon, celebrando sus vacaciones desde un trineo tirado por perros en el círculo ártico en Noruega, tuiteó citando al astronauta Jim Lovell: “No vamos al cielo cuando morimos, sino que venimos al cielo cuando nacemos”. Y continua: La Tierra es el mejor planeta de nuestro sistema solar. Vamos al espacio para salvar la Tierra”. Lo que ha provocó reacciones negativas de comentarios que consideran que sólo los ricos viven en ese “cielo” y le exigen responsabilidad social y económica para mejorar el planeta antes de salir de él.

Pero éstos no son los únicos. Muchos hombres y mujeres han sido seducidos por el planeta rojo, como si de una sirena se tratara. Tycho Brahe. Kepler. Verne. Burroughs. Gustav Holst. Edison. Sagan. Musk. Wells. John Gray. Tim Burton. Jeff Wayne. Ridley Scott. Matt Damon. O James Cameron, miembro de “Mars Society”, cuyo presidente, Robert Zubrin, la creó frustrado por el desinterés del gobierno Americano después de los viajes a la luna, y defensor de su terraformación. Actividad que levanta cuestiones morales sobre si debemos interferir con el desarrollo natural del planeta o adaptarlo a nuestras demandas. Más o menos lo que estamos haciendo con la Tierra. Y, hasta ahora, nos ha dado igual. La historia la escriben los vencedores, y las conquistas, las llevan a cabo los que creen llevar razón para transformar el lugar sin ningún tipo de problema moral. La razón no entiende de eso. ¿Tenemos derecho a poner bares en Marte? Musk ya ha hablado de ello. Carl Sagan decía en la serie de televisión Cosmos de 1980: “Si hay vida en Marte, Marte pertenecería a los marcianos, aunque sean solo microbios”.

La exploración espacial se estancó muchos años debido a que la lanzadera espacial —que en su día se consideró un avance— nos tuvo atrapados en misiones en la órbita terrestre sin poder ir más allá. Ahora en cambio, quizá porque salimos de una época de desesperación y de falta de ideales, estamos experimentando tiempos increíbles e históricos en la exploración espacial. Parece que necesitamos nuevos héroes y nuevas fronteras. Ya somos demasiados cociéndonos en nuestra propia salsa durante mucho tiempo, y el ir a Marte es como un soplo de aire exótico de desierto, de aventura. Un reto en toda regla. Barsoom nos llama.

La Sociedad Planetaria (The Planetary Society) está pidiendo donaciones para hacerse miembro y ser parte de esa exploración. Nunca antes —excepto quizá en los años sesenta, después del discurso de Kennedy— ha habido un deseo tan grande por explorar el cosmos. El ser humano necesita metas imposibles para superarse.

Parece que el “salvar” el planeta, junto con ir a Marte, son los dos retos simultáneos en los que nos hemos envuelto. Ambos son difíciles. Ambos darán espectaculares resultados. Ambos mejorarán las expectativas de vida de la raza humana. Esperemos que ambos nos hagan mejores. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero lo que sí está claro es que los próximos años estarán llenos de interesantes descubrimientos, debates e información sobre la colonización del planeta rojo, cubiertos por la miel ensoñadora y romántica de un lugar, donde una vez se suponía había vida inteligente que nos invadía con su maleza roja en el Londres de 1897 y de la que salíamos victoriosos gracias a las bacterias terrestres, y donde habitaban gigantes de cuatro brazos y una princesa marciana esperando a que pronunciáramos las palabras mágicas que nos transportarían instantáneamente a su querido, exótico y misterioso Barsoom.

 “Ock, ohem, oktei, wies…”

  1. #3
    Cristina Recuero

    Una reflexión espectacular. No solo por el contenido, sino por el continente. Miguel, haces que nos metamos hasta el fondo en la historia, que creamos formar parte de ella y lo hacemos. No es de extrañar, conociendo tu trayectoria. Combinas realidad con ficción, ilusión con desesperación, conquista con abandono. Y es que al fin y al cabo, esto es una obra de teatro, una película de la que no podría definir su género. Gracias por compartir tanta experiencia y tanto conocimiento. Esto va muy rápido, si, mucho. Tanto que da vértigo!

  2. #2
    Elisa

    Me hace pensar en las personas que serán las primeras en aventurarse a un camino sin retorno a un lugar como Marte. Es increíble que existan, y sí. Gracias por tu artículo, muy interesante.

  3. #1
    Joaquin

    No hemos llegado a perforar la tierra y nos queremos ir a marte. Sólo hay una explicación: se sabe algo que la humanidad desconoce... ¡Buen artículo!

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