Pero que idiotas, fatuos e ignorantes somos

Tengo una persona muy amada de mi familia con estado avanzado de Alzheimer y Parkinson.

Una amiga de mi madre que más que amiga es una hermana desde que tenían 14 años.

Una mujer valiente de familia acomodada, nacida en los albores de los años 30, que decidió ser independiente y salir del encorsetamiento de una sociedad donde por el mero hecho de haber nacido mujer ya eras un objeto dirigido a la reproducción y cuidado de la casa y futuros vástagos.

Ella quiso ser bailarina y no casarse. Así que ese objeto reproductor se convirtió en otro de posibles usos diferentes que ella combatió con garra, desdén y cultura.

Fue independiente, culta y soltera por decisión propia para poder hacer lo que le diera la gana sin tener que rendir cuentas ni depender de nadie y ahora a sus más de 85 años, el alzheimer y el parkinson le han convertido en un ser frágil, perdido, tembloroso y ausente.

Su risa se ha convertido en una sonrisa soslayada, su mirada, las más de las veces, desenfocada y su andar de bailarina pizpireta se ha tornado en pasos a cámara lenta con unos brazos, antaño alas de mariposa, como ramas engarrotadas.

 

 

Cuando la lucidez le visita, convierte su expresión en una mezcla de miedo y tristeza al darse cuenta de la cárcel en la que se encuentra, para luego volverse a hundir en una realidad totalmente diferente, la que en su cerebro quizás recree donde aparecen fantasmas del pasado y cree ser una niña a veces o nada otras.

Cuando estamos con ella y nos ve, nos mira buscando en su memoria qué personajes somos y cuando atisba alguna imagen, su mirada se ilumina.

Trae a este presente el pasado que tuvo con mi madre cuando ambas dos eran compañeras de baile por los teatros de España en esos autobuses infames, como un fotograma de Ay Carmela y se imagina con ella calentándose a la luz de un brasero en un hostal perdido, haciéndome comentarios y confidencias a mi como si yo fuera mi madre y estuviéramos en esa época perdida.

Observo a las dos, ya ancianas; una con la memoria fracturada y la otra con toda la vida grabada en imágenes, pero frágil también y siento emociones encontradas: tristeza y pena con una frase que se repite “que imbéciles y estúpidos que somos los seres humanos” y un amor incondicional por ellas que solo me invita a abrazarlas con todo el cariño y cuidado de mi corazón para no romperlas, con el deseo de darles toda la fuerza de la que pueda ofrecer.

Somos tan frágiles y ¡somos tan imbéciles, fatuos e ignorantes!

La competencia desmedida, el “chupar cámara” todo el rato, la agresividad con el otro, bien porque sea diferente, más pobre o más rico, más rubio o más moreno, con un puesto mejor o peor, buscar el poder y ejercerlo ya sea con tu prójimo o con un colectivo, el pensar que nada va contigo y que eso les pasa a los demás o el culto al cuerpo y la imagen buscando una falsa vida de superhéroe o la ficción de la eternidad física, todo eso son naderías y absurdos de un ego que recrea ficciones que luego se pueden ir de un golpe, como si nunca hubieran existido.

La muerte no es lo peor.

Lo peor es ese borrado sistemático de nuestra vida en esta realidad y ver la futilidad y el absurdo de todo lo construido si esto está basado solo en los deseos y miedos de nuestro ego.

Lo peor es encontrarte solo cuando la nada te empieza a invadir el cerebro.

Quizás pueda parecerles a algunos un tanto catastrófico esta reflexión, pero nada más lejos de mi intención. Solo quiero transmitir algo que para mí es más trascendente que la cotidianeidad de nuestros actos, deseos o ambiciones. Mi amiga está rodeada de amor, ese amor que ella ha ido sembrando en su vida y que ahora le devuelve la atención, el cariño y el cuidado necesario.

Lo único que puede, si no combatir a la nada, si invadirla de luz a veces, es un solo sentimiento: El amor. El amor desinteresado. El querer a la persona más allá del cuerpo, la apariencia, las pertenencias, los logros o la personalidad. Solo eso, amor. Es lo único que queda.

 

  1. #5
    Anónimo

    Muchísimas gracias a todos por vuestras palabras. Solo tengo un deseo y es estar lo más despierta posible para ser consciente de lo que es vital para la existencia - amor - porque a veces las cortinas de humo que el día a día crea nos hace dudar de ello. Un abrazo a todos y gracias

  2. #4
    Dora

    De los mejores escritos que he leído aquí. Es pura poesía y no veo una pizca de tristeza y si de esperanza, esa esperanza que nos hará despertar de tanta tontería superflua y banal.

  3. #3
    Cristina Recuero

    Bella y triste. Llena de emoción y escrita desde el corazón. Una reflexión que pocas veces nos hacemos y de hacerla, seguro nuestra vida la veríamos diferente. Me quedo con la última frase de todas. Amor. Es lo único que queda. Afortunad@s quienes comparten su vida contigo. Gracias amiga!

  4. #2
    Mathew

    Bellísima reflexión.

  5. #1
    Miguel Álvarez

    Yo tuve una abuela con alzheimer y se de lo que hablas. Es una cárcel, una prisión del alma. Es muy duro ver desde fuera ese deterioro, peor aún vivirlo poco a poco y conscientemente. Y coincido, es en la nada donde deben aflorar clavos que nos den esperanza, o por lo menos apoyo. Y muchas veces sólo es necesario un abrazo. Sociedad egoista es...

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