Ociofobia, ¿una nueva enfermedad?

No, no es una nueva enfermedad. Eso es lo que nos diríamos para crear otro problema, otra cosa contra la que luchar, otro término moderno para poder buscarlo con un “hashtag” y crear tendencia. No es malo. Somos creativos hasta para hundirnos cada vez más en la fantasía de lo que no es real. Es nuestra prerrogativa. Somos libres de elegir.

El ocio es el cese del trabajo, tener tiempo libre. Creemos que el trabajo es algo ineludible para mantener la sociedad que hemos creado, y además está corroborado por el sello de calidad de “ganar el pan con el sudor de tu frente” de la Biblia. No hay escape. ¿O sí?

“Nos han metido en la cabeza que hay que trabajar para vivir, y cuando el trabajo cesa, uno se siente como si no estuviera viviendo, cuando es precisamente lo contrario”

¿Cómo sería el mundo si no tuviéramos que trabajar y todos pudiéramos hacer lo que nos gustara? Es cierto que uno tiene que mantenerse pero, ¿podríamos haber creado otras soluciones aparte del trabajo? Obviamente, la sociedad no sería la misma. Si de pequeños nos atrae la bioingeniería y nos obligan a vender libros para subsistir… ¿quién gana a corto plazo y quién pierde a largo? ¿Seremos ociofóbicos de mayores si nos inculcan el miedo a la escasez desde niños en el cuerpo?

Nos han metido en la cabeza que hay que trabajar para vivir, y cuando el trabajo cesa, uno se siente como si no estuviera viviendo, cuando es precisamente lo contrario. Un conocido mío escribía en Facebook: “Si no te queda pasado para recordar y no tienes futuro que alcanzar o realizar, no implica eso que estés muerto, sino que está más vivo y despierto que nunca”.

Mi padre era un trabajador incansable. Forzado a ello por una postguerra y por la decisión de mantener una familia —lo cual le agradezco, porque si no, no estaría escribiendo esto—, no sabía qué hacer durante las vacaciones. Se enojaba, estaba intranquilo y siempre estábamos viajando, conduciendo, visitando sitios, yendo de aquí para allá, y a veces volviendo a casa antes de tiempo. Nos hizo recorrer toda España desde los ocho a los catorce años de edad muy rápidamente.

Mucho tiempo después, descubrí que mi madre era hiperactiva. Hasta ella lo reconoció. Pero de nuevo, hay que comprender que vino de tiempos en los que si no se hacían hoyos en el campo para buscar raíces, no había qué comer. Forjaron su fuerza de voluntad debido a la necesidad. El mundo que ellos crearon.

Yo, en cambio, me pasaba los días tirado en el sofá mirando la televisión. A ojos de todos, un vago. Ellos eran una molestia para mí con su continuo “hacer” y yo otra para ellos “no haciendo”. Mi padre tenía miedo de que yo nunca consiguiera nada en mi vida. Era normal que después de una guerra, el paradigma fuera la reconstrucción. No parar de trabajar para hacer un mundo mejor. Al final, no sólo conseguí llegar a ser alguien —a ojos de mi padre—, sino que ya no trabajo por necesidad, y me encuentro con una tremenda cantidad de tiempo libre.

El ocio siempre ha existido

Antes se pasaba más en familia, con amigos en el bar, echando una siesta debajo de un árbol, o yendo de picnic. Ahora, gracias a la tecnología y a la capacidad de poder conectarnos con el mundo desde nuestra habitación, experimentamos todo eso desde nuestra burbuja. Enviamos y coleccionamos abrazos y besos virtuales. Fotografiamos, compartimos y clasificamos momentos en Instagram que no vivimos realmente. Hemos añadido otro trabajo… el trabajo de PARECER feliz.

“No hacer nada, es hacer. Dormir es hacer”

Científicos como Ramjee Prasad, hablan ahora del HBC o “Human Bond Communication” que junto con la Inteligencia Artificial, revolucionará las redes, ya que podremos compartir conocimientos y sentimientos por internet, que llegaran de forma instantánea a otros individuos conectados. Parece que Proyecto Brainstorm será real después de todo y evitaremos experimentarnos en vivo. El oler a la otra persona será opcional.

Hay un dicho Budista que nos recuerda: “No es lo que comes, es QUIÉN come”. Lo mismo se podría aplicar en nuestro caso. Definimos a las personas por lo que hacen, o dejan de hacer. Por lo que han conseguido, por lo que tienen… seguimos venerando la esquizofrenia, en lugar de por QUIÉNES son.

José Luis Sampedro nos dice que no sabemos vivir. Es cierto, porque hemos creído que VIVIR es HACER. Lo que no hemos entendido es que ya somos VIDA, y que simplemente, por estar respirando, no sólo por estar escribiendo esto o leyéndolo —YA ESTAMOS VIVIENDO—. Tengo que hacer una aclaración, porque leer y escribir son hacer. No hacer nada, es hacer. Dormir es hacer.

Es cierto que en este nivel de realidad dual, no podemos escapar al HACER. Pero nos olvidamos que somos una presencia que está aquí para EXPERIMENTARSE en el mundo. —Fíjense que no he dicho para EXPERIMENTAR el mundo, con lo que el qué hacer no es tan importante como QUIÉN lo hace.

Lo que quiero decir es que la mayoría sólo estamos experimentando la vida desde un nivel básico de consciencia en el que hay opuestos. Lo que es bueno o malo, lo que nos gusta o no, el hacer o el no hacer por esta o aquella razón.

ociofobia, miguel fuertes

Pero hay un nivel superior en el que no hay dualidad: el del OBSERVADOR. El titiritero, el director de la película, por así decirlo. Nos pensamos actores, pero somos también el director, y eso lo olvidamos cuando estamos debatiendo si hacemos o no hacemos. Ya SOMOS la paz, la abundancia y el amor que buscamos ahí fuera. No hay que trabajar para conseguirlos.

Jodorowsky hablando desde la unidad, dice: “No hay duda, entre hacer o no hacer, SIEMPRE HAZ, ya que si haces y fallas, al menos te quedará la experiencia pero si no haces, siempre te quedará la frustración”. Al decir que “sí” a algo, decimos que “no” a millones de cosas más. Los que no queremos esto, nos volvemos “multitasking”, para poder hacer más cosas y tener la sensación de estar más vivos. Y la frustración surge del nivel inferior de consciencia, porque desde el superior… da igual hacer o no hacer, no es importante (por cierto, el no hacer, también es una experiencia, la frustración es otra igual de válida).

Cuando SOMOS el que hace, —en lugar de lo que hacemos—, entonces el hacer o no hacer surge por sí sólo. Espontáneamente. No hay debate. No hay fobias. No hay adicciones. Es natural. Ocurre cuando tiene que ocurrir.

¿Y qué sómos?, os preguntaréis. ¿Pepito, Juanito, Jaimito? No, así es como nos llamaron. ¿Ingenieros, técnicos, padres, madres, abogados?… no, eso es a lo que nos dedicamos.

En la entrada del templo de Apolo en Delfos estaba inscrito el famoso aforismo: “Conócete a ti mismo”

¿Cómo nos conocemos? ¿Haciendo?… o ¿Sintiendo?… ¿Viviendo?

El vacío y el dolor de la separación del SER ÚNICO, que se materializó en lo que somos nosotros, nos produjo un vacío tremendo que nos dá pánico enfrentar —como el no hacer nada—. Es como si tuviéramos una lavadora soltando agua a diez mil revoluciones y ni encontráramos el libro de instrucciones, ni el fontanero contestara.

Lo único que se puede decir que nos acerca a comprender quiénes somos, es que prestemos atención a lo que cambia constantemente. Eso NO somos. Por fuera, el “Pepito” de los 10 años no es el mismo “Pepito” de los 80, en cambio, por dentro “Pepito” sigue sintiendo igual. Eso que nunca cambia, como el silencio, el espacio vacío, el amor real —no al juego de opuestos que llamamos amor—… eso es lo que somos, eso SON VERDAD.

“Recordad que lo que creemos que pasa en el mundo es debido nuestra forma interna de verlo

Y somos esa verdad, porque todo viene de la misma fuente. La que hace que nos lata el corazón o la que lo para. La que nos hace respirar o dejar de hacerlo. Esa fuerza está ahí independientemente de que nuestros cuerpos estén o no. Es la vida. Sin opuesto. La que crea estrellas o las destruye. La que mantiene el Universo girando. Vivo. Somos eso.

Volviendo al ocio… cuando nos aburrimos… ¿Quién se aburre? Cuando no sabemos quiénes somos: ¿Quién es el que no quiere que lo sepamos? Sobre la fobia al ocio, ¿quién tiene la fobia y quién cree que hay ocio y su opuesto? La respuesta siempre nos llevará al mismo lugar. A lo ilusorio. A la mente inferior.
Al EGO.

El ego es dualidad. Está diseñado para buscar siempre fuera y no encontrar. Por eso no encontramos la felicidad ni haciendo cosas ni dejando de hacerlas. El ego nos dice que descansemos cuando estamos trabajando, y que trabajemos cuando descansamos. No hay forma de ganar. Luchamos contra una sombra neurótica creada por nosotros mismos.

Entonces, ¿no sería mejor aceptarlo, en lugar de luchar contra él?… ¿No será el ego una nota que nos dejamos —como hacía el personaje de Memento— para recordar lo que NO somos? ¿No será que nos perdemos en el HACER y en el NO HACER, —dualismo—para evitar sentir lo que somos —UNIDAD—?

Hay un proverbio Zen que dice: “Antes de la iluminación, corta madera, acarrrea agua. Después de la iluminación, corta madera, acarrea agua”. O lo que es lo mismo: Duerme cuando estés cansado, y come cuando tengas hambre. Parece una perogrullada, pero si estamos haciendo algo para escapar de otra
cosa, o porque nos lo dice un pensamiento o una creencia, y no porque lo SENTIMOS en el momento, entonces no estamos viviendo.

Recordad que lo que creemos que pasa en el mundo es debido nuestra forma interna de verlo. Si vemos injusticia o amor, es porque los tenemos dentro. Dos personas viendo la misma puesta de sol, pueden tener experiencias distintas si uno de ellos olvidó la cámara y el otro no.

Rafael Santandreu en su artículo sobre la Ociofobia en el periódico SOCIEDAD, expresa muy claro que hay que experimentar lo que se sienta en cada momento. No querer hacerlo es lo que nos hace sufrir.

Curiosamente, los sentimientos vienen del nivel inferior, porque están generados por pensamientos. Por eso tantas prácticas espirituales nos invitan a dejar ir los pensamientos como nubes en un cielo azul inmutable. O como fotogramas de película en una pantalla. Lo que no cambia, es lo que nos proporciona la paz. Lo que cambia constantemente, nos produce inquietud y sensación de pérdida. De la misma manera que la pantalla no se cree la película, hay una mente que no se cree los pensamientos que piensa, y otra que sí. Es decir, sufrimos no por lo que pasa, sino por lo que nos DECIMOS que pasa. Por nuestros propios pensamientos. ¿No sería hora ya de que aprendiéramos a entrenarlos?

Saber que somos seres inmortales, completos, perfectos y enteros, es esencial para poder ver el mundo del ego desde el nivel superior, y disfrutar del caos, división, y sombras del mundo que hemos creado, para —desde las sombras—, experimentar la luz que YA somos. Como decía Khrisnamurti, en el nivel inferior, somos seres fragmentados, y al mirar alrededor, sólo vemos fragmentación. Por eso no hay coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos La única forma de tener coherencia y saber quiénes somos, es concentrarnos en lo que no está fragmentado. Ver el mundo desde el nivel superior de la paz, el amor y el silencio que somos, no importa lo que pase ahí fuera. Y sentir plenamente los sentimientos que tengamos que sentir, miedo, rabia, frustración, excitación, sabiendo que vienen de pensamientos pasajeros, sin sentirnos víctimas o victimizadores, sino INOCENTES. Entonces y sólo entonces, nuestros actos serán correctos, guiados por una mente superior.

Surgirán espontáneamente, no para rellenar un vacío o por dar significado a nuestras vidas, o para justificar en las redes que somos felices, o porque estamos en conflicto interno. Y sólo así estaremos realmente viviendo. Y las fobias desaparecerán, porque hagamos o no hagamos, nos sentiremos en paz.

Y la vida es muy bella, vivida desde la paz.

  1. #4
    Jony

    Me gusta la idea sobre la que gira el discurso y, si se me permite, recomiendo la siguiente lectura "Dijo el Buda" de Osho....donde el autor nos sugiere observar no de una, si no de múltiples perspectivas. Un saludo

  2. #3
    Paula D.

    Creo que la clave de la ociofobia es la que comentas Miguel, "sufrimos por lo que nos decimos que pasa" Es un problema del maldito ego. Creo que muchas culturas orientales saben apreciar mucho más lo que son, nosotros somos más materialistas. Gracias por tan profundo pensamiento, Paula.

  3. #2
    Miguel Alvarez

    Fantásticas reflexiones. ¡Gracias por compartirlas Miguel!

  4. #1
    Josep Oliva Caballol

    No he sabido ver el nombre del autor, por lo que no puedo dirigirme a el por su nombre, pero él no es su nombre, eso simplemente nos sirve para llamarnos y tratar de comunicarnos. Partiendo de que el lenguaje es una simplificación de la realidad en aras a la articulación, valoración y decisión, le propondria un cambio de su concepto de OBSERVADOR, que imagino le viene de la filosofia Advaita, por el de INTEGRADOR, o función de integración si prefiere, siempre en aras de la mejor optimización posible. Me parece que su uso de 'observador' se aparta de la mencionada filosofia Advaita, pues seguidamente habla del director. Personalmente creo que eso es mejor pues, como decia una psicologa americana ya fallecida, 'toda decisión tiene causa, pero está causada por el que la toma'. Sobre la exposición sobre lo que ya SOMOS, y para no alargarme, solo diré que debemos distinguir al menos dos niveles: lo que ya somos pero no lo sabemos a nivel consciente, y lo que si sabemos, lo que si hemos integrado, a nivel también consciente. Tiene sentido en esta concepción antes expuesta de ser función de integración para la mejor optimización posible, el esforzarnos para que la misma sea más veraz, eficaz y satisfactoria para todos. Un cordial saludo,

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