Nunca es tarde para sanar las heridas de la infancia: antes o después llamarán a tu puerta

Con frecuencia cuando las personas escuchan la frase niño interior piensan “¿que es eso?, ¡destapar cosas que uno no quiere recordar!, ¡que tontería!, ¡que ganas de volver atrás!, ¿para que?….”

Lo que no saben es que queramos o no queramos, todos estamos continuamente navegando a nuestro pasado y accediendo a recuerdos positivos o negativos de nuestra infancia. Que seamos conscientes o no que hacemos esto es otra cosa, sin embargo, el resultado es que estos viajes nos cambian nuestros estados emocionales. Así pues, cuando sin motivo aparente para nosotros, pasamos de la tranquilidad al miedo, de la alegría al enfado o de repente nos sentimos tristes… es porque hemos viajado a algún recuerdo de nuestro pasado que ha activado una emoción en el presente.

Cuando nos sentimos avergonzados, vulnerables, blanditos, débiles es muy probable que también hayamos hecho una regresión espontanea a nuestro pasado. Hayamos conectado con un momento pasado en que nos sentimos así y que como no nos han enseñado a procesarlo o como decimos los psicólogos trabajarlo,  pues sigue activo y se sigue manifestando en el presente.

Por suerte o por desgracia muchos creen que son su parte racional, y que tienen que controlar sus emociones y sus sensaciones y no se dan cuenta, o no se quieren dar cuenta, que somos las tres cosas: lo que pensamos, lo que sentimos y lo que nos moviliza o como nos comportamos; y que si descartamos alguna de estas facetas nos estamos limitando por lo menos en un tercio o dos tercios de la totalidad.

Para que seamos personas auténticas, totales e integradas y coherentes tenemos que ser conscientes no sólo de lo que pensamos, sino también de lo que sentimos (y cómo lo sentimos) y qué nos impulsa, motiva, o mueve a llevar a cabo ciertos comportamientos. Lo que resulta todavía más desconcertante para muchos, es que todo lo que hacemos en la actualidad es el resultado de las bases que aprendimos en nuestra infancia, y si tuvimos la mala suerte de aprenderlo mal o de no aprenderlo pues estamos limitados en la actualidad.

¿Estamos condicionados para siempre?

Por otro lado, la buena noticia es que hoy en día gracias a los avances de la neurociencia ya no tenemos por qué creer que estamos condicionados para siempre.

En las recientes investigaciones de la neurociencia, sabemos gracias a la neuroplasticidad del cerebro que podemos seguir aprendiendo, y por lo tanto sustituyendo comportamientos negativos por comportamientos positivos, hasta que nos muramos. Además, según la neurogénesis,  también sabemos que si aprendemos nuevas cosas o disciplinas podemos generar nuevas neuronas, por lo que ya no vale decir “no puedo cambiar”. Si no cambias es porque no quieres hacer lo que hay que hacer para generar un comportamiento mejor.

“¿Por qué crees que tú, como la mayoría de los humanos, tienes la sensación de que te falta algo, o que no eres todo lo que pudieras ser, o te evalúas y criticas constantemente y no crees que estás a la altura de diferentes circunstancias y situaciones?”

Tanto psicólogos, como psiquiatras y neurólogos, cifran ciertos comportamientos con la absorción e interpretación de las experiencias en diferentes etapas de la vida:

  • De 0 a 6 meses – Capacidad de ser, donde se empieza a desarrollar la confianza y la desconfianza. Es la necesidad de las satisfacción pura de nuestras necesidades básicas.
  • De 6 a 18 meses – Capacidad de hacer – Voluntad versus Vergüenza. Es la etapa de la autoconfianza. Confiar en nuestros sentidos, en los movimientos y establidad de nuestro cuerpo. Desarrollamos nuestra curiosidad y disfrutamos aprendiendo. También tiene que ver con retener y soltar, dar y recibir.
  • De 18 meses a los 3 años – Aquí aprendemos a separarnos y empezamos a ser conscientes de lo que es establecer límites. Se empieza con la autoafirmación – ya tengo un criterio y digo no o sí. De una forma inicial, expresamos y regulamos emociones. La separación es más notoria hacia la individualidad. Somos diferentes a los demás y muchos comportamientos más y emociones que nos daría para un libro.
  • De los 3 a los 6 años – La identidad del yo es cada vez más fuerte. Empezamos con nuestra autoevaluación: lo que sentimos y pensamos de nosotros mismos vis a vis el colectivo o los valores y hábitos que hemos aprendido a esa corta edad. Es aprender los límites del poder personal y nuestra presencia en el colectivo.
  • De los 6 a los 12 años – Aquí ya empezamos a crear estructuras y patrones. Filtramos la información que necesitamos o descartamos. Aprendemos a establecer nuestra opinión y razonar nuestro desacuerdo y aprendemos a manejar los errores. También está la capacidad de dirimir lo que consideramos importante. Aprendemos a ser hábiles y a crear estructuras o bien seguir las existentes.
  • De los 12 a los 18 – Las primeras crisis de identidad aparecen a temprana edad en este ámbito. Aprendemos a manejar la frustración. La independencia es un deseo cada vez más fuerte y eso implica la separación emocional de la familia con identidad y valores propios. Contradicciones entre parecer maduros o ser infantiles; entre ser rebelde o razonable. Es la transición hacia el adulto.

Y así podemos seguir hasta la edad superior a los 65, donde el desarrollo de la integridad y la espiritualidad son el marco de referencia, volviendo a ser niños otra vez.

Ése es el trabajo del niño interior, revisar nuestros aprendizajes de la infancia, identificarlos, entenderlos e integrarlos y cambiar aquellos que nos limitan por otros que nos resulten mejores y más saludables en el presente para poder sentirnos mejor.

Hasta aquí puede que nos convenzamos que es posible hacerlo, pero la gente se pregunta ¿y qué hay que hacer, cómo hacerlo, realmente se producen resultados?

¿Qué hacer, cómo hacerlo, cómo llegar a resultados?

Lo que tenemos que hacer es revisitar, recordar nuestra infancia y aquellos momentos que nos sentimos vulnerables, o cuando sentimos algún daño o dolor. Estos momentos son los que nos ha hecho desarrollar ciertos mecanismos para no acceder a esta parte nuestra dolorosa o dolorida y por ello, de alguna manera, nos hemos separado o dividido de partes nuestras que son importantes para sentirnos íntegros y plenos.

¿Por qué crees que tú, como la mayoría de los humanos, tienes la sensación de que te falta algo, o que no eres todo lo que pudieras ser, o te evalúas y criticas constantemente y no crees que estás a la altura de diferentes circunstancias y situaciones?

Pues claramente, porque no has resuelto cosas de tu infancia que te siguen afectando en el presente.

¿Y cómo resolverlas?

Cada vez que hacemos algo y nos rechazamos o criticamos por no haber hecho algo diferente, estamos divididos y accediendo a una parte nuestra no resuelta, a nuestro niño interior herido.

Cuando una parte de ti hace algo y otra parte de ti lo critica es que no hemos integrado todas las partes de nosotros que forman parte de nuestra identidad.

Para hacerlo, conviene que hagamos el trabajo del niño interior que no es ni más ni menos que intentar entender, apreciar, aceptar todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos llegado a ser aunque haya cosas que queramos mejorar y sacar la enseñanza de ello, modificando la percepción que hemos tenido sobre esa experiencia durante los años y que nos ha convertido en personas más limitadas de lo que podemos ser, debido a esas experiencias que no hemos podido sanar e integrar.

Se trata de aprender a AMARNOS A NOSOTROS MISMOS y esto significa conocernos, prestarnos atención, aceptarnos, apreciarnos, darnos afecto o cuidarnos y admitir que somos seres humanos únicos, irrepetibles, originales dignos de ser amados como somos.

CONOCERTE, AMARTE Y PERDONARTE TE PUEDE CAMBIAR LA VIDA.

Deja un comentario

  1. #7
    CarmenElena

    Interesante artículo, no soy madre. Pero por mi experiencia nuestros padres cometieron errores al educarnos, normal, nadie nace con un manual para ser padres. Lo que quiero decir es que mis padres no son la sombra de lo que fueron y que así como nosotros tenemos nuestros”monstruos” y aprendemos a luchar con ellos, ellos son ahora lo que son, con tus días azules y sus tormentas. Lo importante es ser conscientes de nuestras acciones yno dañar a otros xq nos hacemos daño a nosotros mismos, aprenderemos a ser mejores y a limar nuestros miedos!

  2. #6
    Julián López

    Tienes razón Victoria. Aunque deberíamos amarnos y conocernos, esta sociedad hipercompetitiva, no nos deja tiempo para nosotros mismos. No paramos a pensar, a reflexionar sobre nuestra felicidad, nuestros recuerdos... y si lo hacemos, la publicidad nos recuerda que hay que ser el mejor, el más guapo, el que tiene mejores dientes, que hay que cuidarse etc. lamentablemente vivimos en un mundo donde los ideales los ponen las marcas, no los ciudadanos... por eso aunque coincido en tu visión del niño interior, creo que ese niño interior es en gran parte consecuencia de una sociedad que ya desde niños busca la mal llamada "perfección", pero ese es mi punto de vista. Un gran artículo.

  3. #5
    Azucena

    No se si será porque lo arrastramos desde la infancia pero me da la sensación de que en esta sociedad de egos y de postureos, pocos son los que se aman y respetan asi mismos.

  4. #4
    Anónimo

    Esto está muy bien para una amplia mayoría pero ¿qué pasa con aquellos/as que han tenido infancias traumáticas de verdad?, ¿es en estos casos una opción "enfrentarse" a su pasado?, ¿recordarlo?

  5. #3
    Miguel Alvarez

    Muchas de esas heridas que arrastramos sin darnos cuenta tienen que ver con algo tan simple (y a la vez complejo) como es el hecho de no aceptarnos tal y como somos... en definitiva, amarnos a nosotros mismos. Nunca es tarde para cambiar esa percepción. ¡Fantástica reflexión Vicky!

  6. #2
    Elena Camacho

    Muchísimas gracias. Afronto ahora la etapa adolescente de mi hija rebelde y veo en ella errores que yo cometí. En cierta manera, creo que verla hacer ciertas cosas me hace sentir las heridas del pasado. ¿Qué puedo hacer?, ¿la dejo hacer sabiendo que cometerá un error?

  7. #1
    Pedro Sanz

    Siempre se ha dicho que los monstruos de la infancia nos perseguirán hasta que nos enfrentemos a ellos. Suerte que contamos con esa fantástica memoria selectiva que nos hace olvidar aquello que no nos gusta... ¡Gran artículo Victoria!

CREAtech540º en tu correo

CREAtech540º en tu correo

¡No te pierdas ningún contenido!

¡Muchas gracias! Hasta pronto :).

Top