La vida iba en serio

He leído esta frase en “las memorias casi optimistas de un alcohólico en silla de ruedas” de John Callahan, un irreverente viñetista que murió en 2010 y que escribió su experiencia de vida en su única obra escrita “No te preocupes, no llegarás lejos a pie”.

John Callahan decía que se dio cuenta de que la “vida iba en serio” cuando se quedó tetrapléjico en un accidente de coche después de haber vivido una vida colgado del alcohol y el LSD.

No puedo establecer comparaciones con este suceso tan traumático, pero esto me hizo pensar y mirar para atrás.

¿Cuándo nos damos cuenta de que la vida va en serio?

¿Somos conscientes o sólo vivimos la vida como en un estado que no sabría describir si de incredulidad para algunos o de anestesia para otros? ¿La vida va realmente en serio?

El contexto heredado y el contexto vivido es lo que configura parte de nuestro guión de vida y luego está en cómo vivimos este contexto. Un contexto que abarca desde la época en la que naces, de la familia de la que naces, su status, educación y relación contigo, de la ciudad y de la religión o sociedad en la que naces y luego todo lo que te construyes a lo largo de tu vida.

Yo no recuerdo desde cuando intuí que esto no era jauja y que la vida iba en serio.

Desde muy pequeña supe que lo que vivía no era un cuentecito de película Disney. Que los lobos humanos que se comen a caperucitas ingenuas existen y que algunos están en tu propia familia, que la comida se consigue con esfuerzo y que bañarse en un barreño de plástico no es lo normal que viven tus vecinos de al lado, pero también lo que intuí, es que aunque la historia pudiera ser lo que fuera, solo de ti dependía la seriedad que le quisieras otorgar.

La vida es efímera y corta. Frase que a los jóvenes les cuesta procesar pero a los que ya hemos pasado el umbral de la mitad del tiempo que nos espera, es algo que sentimos y esa sensación y la vista atrás a lo vivido hace que me tome cada vez menos en serio la vida.

Las circunstancias que vivimos son lo que son, algunas externas y otras generadas por nosotros, pero es lo que es y sólo podemos hacer una cosa para que lo que sea que sean estas circunstancias no nos arrollen a su paso y esa cosa es elegir nuestra actitud ante ellas.

Yo tengo un ejemplo muy cercano en mi familia.

Alguien a quien quiero mucho y con quien hemos vivido momentos desde la infancia está luchando un arácnido tan agresivo como es el cáncer. Es alguien que se ríe de si mismo y de todo sin eludir responsabilidad. No importa que tengas un mal día, su sola presencia y sus chascarrillos hace que rompas a reír y olvidarte de los problemas. Considera a la vida una aventura y un paseo y se pone el mundo por montera. Venció a un cáncer raro con su actitud; algo que a los médicos se les escapa aún porque no entendían su recuperación.

Ahora el monstruo ha vuelto a hacerle una visita y aunque le ha pillado a trasmano, ya ha vestido a su actitud alegre de superhéroe para seguir disfrutando de los pequeños momentos y alegrar y hacer reír a todos los que le queremos mientras comienza su lucha de nuevo con esa actitud de quitarle “seriedad” a la vida.

Termino con un poema de Calderón de la Barca que aprendíamos de memoria en el cole y que siempre me ha hecho pensar en esto de la seriedad o no de la vida.

“¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

Realmente ¿la vida va en serio?

 

 

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