La indiferencia, el aplauso del árbitro.

He estado más de 20 años arbitrando partidos de fútbol por toda España, de todas las categorías, aficionados y profesionales.

Media vida ligado a una peculiar afición que, como es lógico, ha forjado mi carácter.

Lo quiera o no, hoy en día soy y me comporto de algún modo como si estuviese arbitrando. Todos y cada uno de los momentos de mi vida. Y una de las cosas que mejor lo representa, y creo sinceramente que es de las más valiosas, es mi virtud para ser discreto.

La capacidad de pasar desapercibido.

Curiosamente, en una sociedad en la que todo el mundo compite por destacar, por tener la mayor cantidad de seguidores en redes sociales, por invertir el menor tiempo posible corriendo un maratón, o por hacer el viaje más exótico posible, creo sinceramente que la capacidad de pasar desapercibido es una de las mejores estrategias para poder destacar.

Todos necesitamos pertenecer.

Uno de los grandes miedos a los que nos enfrentamos como seres humanos es el de sentirnos excluidos. Todos necesitamos formar parte de algún grupo, pertenecer a alguna tribu. Y para que eso sea posible, el grupo necesita confiar en nosotros, al mismo tiempo que debemos ser capaces corresponder aportando valor.

Curiosamente, en una sociedad en la que todos queremos ser los mejores, en el ámbito que sea, es muy fácil generar desconfianza en los demás. Este afán de superación es frecuentemente percibido como una amenaza para aquellos pueden verse desbancados de su trono, o bien alejados de poder alcanzarlo. El riesgo es que las amenazas habitualmente tienden a excluir.

Adoptar una postura discreta puede parecer una debilidad.

Esto, si pensamos en la necesidad de pertenecer a un grupo. No obstante, aspirar a pasar desapercibido puede ser una gran estrategia. La discreción no provoca amenaza en los demás y en esa situación, las personas se relajan y se muestran como realmente son. Nuestra capacidad de observación se potencia y con ello la capacidad para escuchar, evaluar lo que dicen, lo que hacen y, de ahí, inferir cómo son realmente las personas que nos rodean.

Es entonces, una vez que entendemos realmente a los demás, cuando las oportunidades surgen. Cuando somos capaces de entender sus motivaciones, su estado actual. Es más sencillo entonces identificar sus necesidades.

Y cómo un árbitro en la cancha…

Con toda la información, tenemos la capacidad de actuar cuando algo no marcha como debería. Cuando una persona sufre una agresión, si los valores no se respetan o el juego necesita ayuda para seguir deleitando a los participantes. Es en ese momento cuando el árbitro tiene la capacidad para intervenir y de hacerlo con criterio y de forma juiciosa. Es capaz de aprovechar su posición para adquirir ventaja y ofrecer una ayuda valiosa a los demás. En el momento adecuado, de la mejor forma posible, mitigando los ‘dolores’ que realmente molestan a esas personas que nos rodean.

Es entonces cuando surge la verdadera confianza.

Cuando desplegamos nuestro potencial para aportar valor a los demás de forma respetuosa.

Es en ese momento, al cuidar de nuestro grupo, cuando creamos un circulo virtuoso en que cada uno suma.

Y para que todo suceda debemos ser los primeros en dar ejemplo, en ser dignos de confianza. Debemos respetar el espacio de los demás y ocupar los huecos solo cuando sea necesario. Y hacerlo aportando valor, valor que será fruto de esa capacidad de observación y escucha pasando desapercibido.

Por eso, creo que la discreción es una buena estrategia para poder destacar.

Deja un comentario

  1. #3
    Anónimo

    Rafa, gracias por tu reflexión tan sincera, positiva, humilde y valiosa. Me ha encantado. A veces estar entre bambalinas te hace ver el territorio mejor que el mapa.

  2. #2
    Paola

    Que buen artículo. Interesante perspectiva.

  3. #1
    Cristina Recuero

    Buenísima reflexión Rafael. Me quedo con muchas cosas de tu reflexión pero de todas, destaco dos!! La primera, la certeza consciente de que todos, absolutamente TODOS necesitamos pertenecer y que estamos dispuestos a matar por ello, y la historia deja mucho rastro de esto último. Y la segunda, la idea de destacar a través de la estrategia de pasar desapercibido. Más aún en un entorno en el que la sobre exposición de identifica como método para llamar la atención, no siempre esto es así y por supuesto, en muchas ocasiones la atención la tiene aquel cuya estrategia es la opuesta. Hay una frase que me encanta y que utilizo a menudo y es esta: "La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará como la hiciste sentir" de Maya Angelou. Pues esa es para tí!

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