Lo que das, te lo das. Lo que quitas, te lo quitas

Hace unos meses, una escuela de negocios en la que colaboro como profesora, me invitó a un taller.

Se llamaba “Teatro para profesores”.

-Interesante- pensé. Seguro me ayudará a mejorar mi trabajo y además me voy a casa con un montón de nuevas ideas para poner en práctica. Eso, además de conocer un montón de gente interesante con la que, quién sabe si algún día colaboraré o trabajaré.

Acepté la invitación sin dudarlo, y reservé los días en la agenda.

Llegó la hora y cuando entré en el aula, no reconocí a ninguno de los profesores que como yo, habían aceptado la invitación.

-Bien- me dije, así será más fácil.

“¿Más fácil?, ¿más fácil por qué?, ¿para qué?”.

Esas preguntas rondaban mi cabeza porque algo dentro de mi, preveía un punto de incomodidad, por no llamarle “puntazo”, desde el momento en el que acepté esta formación.

“¿Cómo hago yo para, en un entorno de colegas y profesionales, dejar aparcado en la puerta mi “rol e identidad profesional” y abrirme a experiencias y dinámicas que desde luego no realizo habitualmente?”

Al cabo de una hora, aquello prometía que sería de todo, menos cómodo y sencillo.

Miré a mi alrededor y dudé de si, al resto de mis compañeros les parecía más fácil que a mi.

Nuestras miradas decían mucho, o al menos así yo lo interpreté. Igual solo entendí lo que a mi me pasaba, lo proyecté en ellos y nada tenía que ver con la realidad que ellos estaban viviendo.

Yo me sentía cohibida, algo así como enfrascada en un gran tarro de cristal donde me sentía prisionera, y además sentía que esto era evidente y transparente para el resto.

Tras los primeros ejercicios y toma de contacto entre nosotros, la profesora nos invitó a que compartiéramos algo que cada uno de nosotros pudiese ofrecer al resto de compañeros en esa formación. Los ofrecimientos fueron variados, tanto como las ideas.

-¿Qué podría yo ofrecerles y que pudiese hacer efectivo a lo largo de 10 horas?.

Mientras cada uno expresaba su aportación, pensé que yo les ofrecería algo que me gustaría que me ofreciesen ellos a mi, así que sin dudarlo les dije:

– Yo os ofrezco una mirada a todos y cada uno de vosotros sin juicio. Me comprometo a no juzgar, a no opinar, a no valorar la intervención de cada uno de vosotros en cualquiera de los ejercicios.

Lo que realmente les pedía a gritos con ese ofrecimiento era que no me juzgasen ellos a mi, y así poder liberarme de ese “rol profesional” con ellos, ponerme la gorra de aprendiz y seguir instrucciones.

Ya nos invitasen a saltar, bailar, hacer el pino puente, o actuar en un entorno en el que ni por asomo lo hubiésemos hecho en otro momento, yo no juzgaría. Éramos profesionales en otro entorno, con otro rol.

Éramos, ¡sin más!.

Mi ofrecimiento fue bien recibido por todos y sólo al decirlo, sentí una gran liberación no solo corporal, también mental. Entonces comencé a fluir, a no sentir eso que de pequeña me enseñaron, y que se llama “vergüenza”.

Porque lo que das, te lo das y lo que quitas, te lo quitas.

La profesora nos pidió no diésemos información del contenido de los talleres. En caso de hacerlo los próximos alumnos perderían el “efecto sorpresa”, y eso es imperdonable, así que no os puedo contar más. Si os puedo decir que la formación terminó y que no es la primera vez que hago dinámicas de este tipo, pero sí es la primera que realmente he disfrutado, de principio a fin.

Me encantó. Llegué a casa feliz por haber cumplido un reto.

Pasaron los días, y no dejaba de pensar.

Me quedé con ganas de más.

¡Qué buena es esa sensación de quedarte con ganas de más!, ¿verdad?

Busqué las razones de aquel buen sabor de boca y llegué a la siguiente conclusión:

  1. Una extraordinaria profesora que nos acompañó y ayudó a soltarnos. Nos invitó a actuar de otro modo, con otras reglas.
  2. Un grupo de profesionales y compañeros que no dudaron en seguir las reglas de juego sin preguntarse y disfrutar. Yo, me uní a ese entusiasmo.
  3. Por último, experimenté en primera persona que al quitar mis juicios a mis compañeros, no solo sentí que ellos me los habían quitado a mi, sino que yo me los había quitado a mi misma. Solo por eso pude soltarme, aprender y vivir la experiencia. Todo estaba en mí, no en los demás.

 

Todo lo que volcamos en los demás, lo volcamos hacia nosotros y nuestra vida.

Si lo que volcamos son juicios, críticas y exigencias a los demás, las estamos llevando a nuestra vida y a nosotros.

Si lo que volcamos es empatía, diversión y compasión, eso mismo lo tendremos para nosotros.

En nosotros y solo en nosotros está decidir cómo queremos hablarnos, tratarnos y vernos.

 

Mi agradecimiento desde aquí a la eoi, a Alicia Ro y al grupo de compañeros con los que viví la primera edición de “Teatro para profesores”.

 

  1. #13
    Anónimo

    Cristina - me encanta tu sincera reflexión y muy buena descripción de la proyección de uno en su entorno. Un besazo y mil gracias por compartir tus experiencias.

  2. #12
    makertan

    Apliquémonos la lección de la novela de Catherine Ryan Hyde: "Cadena de favores". Pero seamos justos, no es sólo altruismo, es también interés. Interés en el rédito que el altruismo te aporte. Genial reflexión Cristina!!!

  3. #11
    Cristina Recuero

    Muchas gracias Manu, Paco, Inma, Esperanza y anónimos por leer esta reflexión y haber invertido vuestro tiempo en comentar vuestras impresiones. Gracias!!!

  4. #10
    Esperanza M

    Simplemente. Me encanta . Gracias Cristina

  5. #9
    Inma

    Gracias Cristina por compartir tu experiencia! Tú testimonio me hace reflexionar sobre el hecho de que muchas veces somos nosotros mismos los que nos hacemos la trampa... nos hacemos la vida complicada, somos víctimas y prisioneros de nuestros pensamientos y todo es mucho más sencillo cuando somos honestos con uno mismo.

  6. #8
    Paco Cano

    "Porque lo que das, te lo das y lo que quitas, te lo quitas". Me apunto la frase

  7. #7
    Anónimo

    ¡¡¡Muy buena reflexión!!! Gracias :-)

  8. #6
    Manuel Rodriguez

    Gracias por compartirlo. Sincero y claro.

  9. #5
    Anónimo

    Muy sincero e interesante. Gracias por compartirlo

  10. #4
    Cristina Recuero

    Muchas gracias Silvia!! Igual nos enseñaron a lo más difícil, cuando todo es mas sencillo. Gracias a tí por leerlo y comentarlo!

  11. #3
    Silvia Jimeno Vázquez

    Cristina Me ha parecido una reflexión muy interesante y útil para trasladar no solo a un entorno laboral sino personal. Muy bien escrita. Que forma tan sencilla y a la vez tan complicada de liberarnos y dar lo mejor de nosotros prescindiendo de los juicios. Reto para poner en práctica. Gracias por compartirlo.

  12. #2
    Cristina Recuero

    Muchas gracias Miguel!! Tengo ese libro, me lo regaló hace tiempo mi hermana porque lo quería leer, pero aún no empecé. Imagino que tiene que llegar ese día. Igual 2019 puede ser un buen año para comenzarlo y leerlo durante todo ese año. Te diré para comentar. Un abrazo!!!

  13. #1
    Miguel A. Fuertes

    Me ha encantado Cris. Así es exactamente. Es una de las cosas de las que habla el Curso de Milagors -que no es un libro religioso, aunque se puede ver así si uno quiere-. También es metafísica y filosofía y una de las cosas importantes de las que habla es de dar. Lo que das, no sólo lo recibes de vuelta, es que NUNCA LO PERDISTE en primer lugar, porque es lo que eres. Lo que hiciste fue darte tú. Les ofreciste tu ser. Y ellos desvelaron el suyo. Pero los seres ya estaba ahí. No hubo ganancia ni pérdida. Pero sí hubo una experiencia fabulosa. El ser lo sabe, y actuó en consecuencia. Mis felicitaciones para tí. Artículo muy bien escrito. Gracias.

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