El maestro de la escucha

La profesión de coach es una profesión de ayuda, de encuentro con el otro y de inmersión en su universo con la intención de aportar luz y ayudar a que la persona encuentre claridad y salida a los problemas que en ese momento siente.

Para ser un coach profesional, hay que desarrollar unas habilidades y practicar una metodología y una serie de herramientas. Pero más allá, hay que cultivar y dejar que emerjan en nuestro interior unas competencias esenciales que nosotros denominamos competencias del ser, ya que no son tanto formas de hacer como cualidades del estar y del ser.

Entre estas competencias pilares del coaching, y de otras profesiones de ayuda, se encuentra “la escucha”. ¿A qué me refiero con la escucha en este contexto? Todos tenemos una idea de lo que es escuchar. Y practicamos esta idea diariamente entre nosotros. La escucha es básica para comunicarnos, para entender lo que el otro quiere decirme y para coordinar acciones con otras personas. No se entiende un trabajo de equipo sin ese tipo de escucha. No sería posible ni siquiera el reparto de las tareas o funciones.

“Hay algo mucho más allá de la utilidad del mensaje en la escucha. Hay un ser humano buscando sentirse parte, un ser humano huyendo de la soledad del ser”

Escuchar, escuchamos de muchas formas, cuando leemos un libro escuchamos a su autor, cuando nos envían un correo electrónico, nos llaman por teléfono o tenemos una conversación con otros en un encuentro personal. Escuchamos lo que nos dicen, el mensaje, el contenido de lo que se nos dice y en base a ese mensaje reaccionamos. Esta persona cuenta cosas interesantes, a esta persona no se la entiende, ésta hace argumentos circulares y no sé a dónde quiere ir, ésta se va por las ramas, ésta es muy divertida o ingeniosa contando historias, ésta es simpática y atenta, ésta repite siempre lo mismo varias veces o te cuenta algo que ya te ha contado, esta otra se remonta en interminables antecedentes antes de ir al grano, ésta se contradice, ésta espera que te enteres de las cosas sin decirlas, ésta otra es muy didáctica se la entiende muy bien, ésta siempre se deja información esencial sin transmitir.

En muchas ocasiones analizamos la comunicación en base al contenido de lo que se nos cuenta y del interés emocional o pragmático que ese contenido pueda tener para nosotros. Nos resulta entretenido, interesante, agradable o práctico y útil. Pero, ¿qué sucede mientras tanto al otro lado?, ¿qué pasa con nuestra necesidad de ser escuchados? Esta persona sólo habla de sí misma, es yo, yo y yo todo el tiempo, no me escucha, no me deja meter baza. En cuanto digo algo, me dan un consejo, me dicen cómo tengo que hacer las cosas o me aconsejan cuál es la forma más rápida de hacer algo o la más cómoda para ellos, como si yo hubiera pedido ayuda o hubiera manifestado mi necesidad de optimizar ese proceso.

Extraño mundo de incomunicación

Si el objetivo exclusivo del ser humano fuera la eficacia, tendría todo el sentido analizar la escucha como muchas veces lo hacemos, pero la eficacia, desde el punto de vista del coaching, es una palabra mucho más amplia y sobre todo, es un concepto subjetivo. Para cada persona significa algo diferente, y por encima de todo ello, más allá de esta ambigua eficacia, está la necesidad del ser humano de “ser visto”. De ser tenido en cuenta. De pertenecer. Y una manera de sentirse parte es siendo escuchado.

“Escuchar, más allá de lo que oímos biológicamente, es algo al alcance de todos y que abre un nuevo mundo para cualquiera”

Tenemos una profunda necesidad de ser escuchados. No de que nuestras historias sean escuchadas. Eso no es más que un medio, una estrategia para “ser escuchado”, para que se me vea a mí, a lo que yo soy. Soy divertido y ocurrente o soy inteligente y fascinador, porque deseo que se me mire, porque en el fondo quiero sentir que formo parte.

Por tanto, hay algo mucho más allá de la utilidad del mensaje en la escucha. Hay un ser humano buscando sentirse parte, un ser humano huyendo de la soledad del ser. Buscando compañeros en el camino de la existencia. Buscando sentir que es visto y tenido en cuenta “por alguien”.

Cuando enseñamos la escucha a los alumnos de la escuela de coaching, enseñamos ese concepto de escucha mucho más esencial. Enseñamos a escuchar a la persona y no sólo al contenido del mensaje que nos está diciendo. Se trata también de cómo lo dice, de su lenguaje no verbal, de lo que no dice pero se evidencia, de la emoción que transmite. En definitiva, se trata de escuchar al ser que tenemos delante y sumergirnos en él aceptándolo y sin que haya una necesidad pragmática de que ese acto nos sea útil a nosotros en términos operativos.

Para practicar esta escucha, les ponemos una tarea a los futuros coaches. Se trata de una tarea que cualquiera puede practicar ya que escuchar, más allá de lo que oímos biológicamente, es algo al alcance de todos y que abre un nuevo mundo para cualquiera. Les digo que busquen “un maestro de la escucha”, o varios. Un maestro que les enseñe a escuchar y con el que practicar.

Todos tenemos de estos maestros a nuestro alrededor. Les digo, escoged a esa persona de vuestro entorno que os resulta especialmente pesada. Esa persona que os aburre con su discurso o que os repite varias veces la misma historia. Probad. Buscad un momento propicio y no pongáis una excusa esta vez. Simplemente dejad que os hable, atendedlo como si no hubiera nadie más en el universo, no lo interrumpáis, no le deis consejos, no le terminéis las frases o le presionéis para que avance en el discurso. Abandonad el contenido de lo que os cuente, centraros en la persona, en el ser que tenéis delante y abriros a escucharlo a él. ¿Qué le mueve a repetir lo mismo? ¿Cuál es su mirada cuando persigue vuestra atención? ¿Cuál su necesidad? Abriros a que todo esto os pueda llegar, no lo busquéis, simplemente abriros a lo que sea. Dejad que entre esta información si está disponible.

Los alumnos reaccionan con risas, porque les resulta fácil encontrar rápidamente a esta figura en su día a día. A veces es un compañero de trabajo, otras una vecina, la madre o el padre, un amigo, nuestros hijos que desean decirnos con todo detalle lo que han hecho durante el día. Existen decenas de maestros a nuestro alrededor que nos pueden enseñar a escuchar.

Probad. Aunque sea sólo una vez. Descubriréis algo diferente cada uno. El que escucha obtiene algo cuando se abre a esta posibilidad. No podréis clasificarlo como útil en el sentido pragmático que nuestra sociedad nos ha impuesto. Encontraréis otra palabra que lo defina. Cada uno la suya. En mi caso obtengo aprendizaje y me siento nutrido. No siempre estamos en condiciones de hacer este tipo de escucha. No tenemos el tiempo o el humor para hacerlo. Es normal. No se trata ahora de imponernos la nueva disciplina de “tener” que escuchar siempre así a partir de ahora. Lo que sí puedo deciros es que, si os permitís un encuentro abierto con vuestro maestro de la escucha, esto sin duda, será para vosotros abrir una puerta a un lugar nuevo y en lo nuevo, en lo desconocido, es donde radica nuestra posibilidad de crecer.

  1. #5
    Anónimo

    Sencillamente genial. Lo probaré sin duda.

  2. #4
    Miguel Alvarez

    Genial reflexión José Manuel. ¡Genial reflexión! A propósito de ello, hoy le han dado el Nobel de literatura a Kazuo Ishiguro, escritor de una de mis novelas favoritas, "Los restos del día", que evoca las consecuencias de una realidad de hoy en día: no paramos, no reflexionamos, no escuchamos y no nos dedicamos tiempo a nosotros mismos. Parar, escuchar, pensar, y salir momentáneamente de la rueda de hámster que es la sociedad actual es vital para poder desarrollarnos tanto personal como profesionalmente. Una de las frases más certeras de esta novela es ésta “La verdad siempre nos llega casualmente, a través de algún acontecimiento externo”, y escuchar nos da múltiples visiones de la verdad. Gracias por compartir por aquí tu reflexión.

  3. #3
    Manuel Campos

    Buen ejercicio para practicar la escucha activa José Manuel. La escucha activa va un paso más allá de oír, e incluso de escuchar. Por añadir algo a esta fantástica intervención, diré que la escucha activa exige omitir de nuestra mente pensamientos del estilo "lo que está diciendo es una tontería". Cuando escuchamos y prestamos atención sin prejuzgar podemos llegar a unos niveles de comprensión de otras realidades mucho mayores. Y es como cita José Manuel una experiencia única, en mi caso diré que muy enriquecedora y que me ayuda a empatizar con multitud de puntos de vista. Afectuosamente, M.C.

  4. #2
    David Fernández

    ¡Cuánta razón! Siempre hemos tenido la necesidad de ser escuchados, pero ahora la cosa es más compleja porque no tenemos tiempo para escuchar y sólo ponemos la oreja. Tengo muchos maestros de la escucha... voy a probarlo. Un post muy interesante

  5. #1
    Miriam

    Excelente reflexión, muchas gracias!

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