Casualidad

“La casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido” -Voltaire-

Un amigo de Madrid me pidió un libro que luego perdió. No había forma de recuperarlo. Me dolió porque en él había referencias para hacer una gran película.

Durante muchos años intenté encontrar una copia, pero ya era un libro fuera de catálogo y antiguo. Me olvidé del tema por imposible.

Mi trabajo me llevó un día a Nueva Zelanda, las antípodas de España, el lugar del planeta más alejado de Madrid. Una vez en Wellington, supe de un festival Art-Decó en un pueblo llamado Napier al norte de la isla. No había hoteles para quedarse. Todo lleno. Al fin, encontré una cabaña de madera que alquilaban en una playa más al norte. Fue mejor que cualquier hotel. En Napier entré en una librería a curiosear y caminé directamente hasta un libro expuesto en una mesa en el centro de la librería. Era un ejemplar del libro perdido. Estaba un poco maltratado y era algo caro. Lo compré. Salí feliz por la increíble coincidencia. Entré en otra librería. ¡Ví el mismo libro en perfecta condición y más barato! Por supuesto lo compré y devolví el primero.

La pregunta ahora es: ¿qué posibilidades había de encontrar un libro descatalogado DOS VECES en el punto opuesto del planeta, en un pueblito perdido, de los que quedaba un único ejemplar en cada librería? Le hace pensar a uno.

Un universo con azar sería uno caótico.

Con coincidencias en las que a veces “suena la flauta”, y a veces no. No tendríamos ningún control sobre ello, con lo que seríamos víctimas del destino. Y ya sabemos quién es el que siempre se cree una víctima dentro de nosotros; el ego, la sombra, el miedo. Justo lo contrario de lo que realmente somos; Poderosos, libres, luz y amor.

Entonces, ¿tenemos control sobre ello, o no?

Según Voltaire, no hay misterio -azar- en la casualidad, sino que es causa y efecto en un universo lineal. Es decir, que como dice la mecánica Newtoniana, hay una irrompible ley de causa-consecuencia (determinismo), que dice que el pasado “determina” nuestro presente, que a la vez “determina” nuestro futuro. Pero si el futuro ya está escrito, entonces, -de nuevo- ¿Dónde está el libre albedrío? ¿Quién escribe ese futuro? Muchos creyentes contestarían sin dudar: ¡DIOS!, y no estarían mintiendo, pero lo que habría que realmente definir, es QUIÉN o QUÉ es ese DIOS, o cuál es la relación que tenemos con esa fuerza aparentemente desconocida -y no entendible por la mente humana- que llamamos DIOS.

Si nosotros somos la causa que produce un efecto, – por ejemplo, si al pegar a un perro hacemos que el perro nos muerda de vuelta- ¿no será cierto que, al cambiar nuestra forma de actuar, cambiamos ese futuro que parecía escrito? ¿Y si pegamos a ese perro, porque de niños fuimos mordidos por uno y les tenemos miedo, no estaremos repitiendo un bucle en que, de nuevo, no tenemos libre albedrío? ¿Cómo podemos cambiar el futuro si debido a nuestros recuerdos y experiencias del pasado, nos es difícil dominar nuestras emociones en el presente, con lo que tomamos siempre las mismas erróneas decisiones?

Hay que entender que vivimos un universo dualista, en el que son comunes las paradojas que el cerebro humano rechaza por ser opuestas. El universo es caótico y a la vez lineal. Hay orden en ese caos y la causa y efecto es múltiple, y cambia constantemente de acuerdo a nuestras decisiones, es decir, tenemos control sobre la realidad que experimentamos, sólo que no somos conscientes de ello. Y ÉSTA ES LA CLAVE DE TODO.

Normalmente, creemos que somos víctimas de lo que ocurre en el mundo, guerras, hambre, odios, revueltas, subidas y bajadas de stock, despidos en el trabajo o buena o mala suerte en el amor, pero en realidad nosotros provocaríamos esas realidades con nuestra forma consciente e inconsciente de pensar.

La consciente es lineal. La del ejemplo del perro. Si le maltratamos, -causa- el perro nos muerde -efecto-. Si le tratamos bien, -causa- el perro se acercará moviendo la cola -efecto-. Luego, tenemos un control consciente del futuro al cambiar nuestra actitud en el presente. Si planeamos unas vacaciones, lo más probable es que ocurran, a no ser que algo nos desvíe del plan trazado. Y aquí entra en juego nuestro “control” inconsciente.

¡Pero que ocurra una tormenta perfecta justo el día en el que vamos a tomar el avión, nos hace víctimas del destino! -Diréis- ¡Nosotros no provocamos la tormenta, no tenemos ese poder, no tenemos control! Y yo respondería: Efectivamente, no tenemos control CONSCIENTE, pero sí INCONSCIENTE.

Sé que suena absurdo. Pero por favor, leed esto como si fuera un cuento. Abrid las puertas de la imaginación y las posibilidades y tumbad las barreras de la resistencia por el momento. Quizá nos permitamos descubrir algo MUY interesante. Hablemos de ello no como verdad, sino como posibilidad. Después de todo, estamos jugando, y al cerebro le encanta pensar en alternativas.

Al no conocernos a nosotros mismos, ni a nuestro subconsciente. Lo que proyectamos en la realidad, lo vemos como algo diferente y desconocido, producido por una fuerza “ajena”, y lo llamamos CASUA-lidad. Cuando en realidad nosotros somos la CAUSA. Lo consciente ocurre dentro de la línea de tiempo que experimentamos como lineal, pero sabemos que, en realidad, el tiempo no existe y que pasado, presente y futuro, ocurren A LA VEZ. Y es aquí donde somos absolutos creadores. FUERA DEL TIEMPO, pero no con la mente -sujeta a la linealidad-, sino con la IMAGINACIÓN Y LA CREATIVIDAD.

Cuando de noche mirarmos la luz de las estrellas, sabemos que ésta tarda tanto en llegar a nosotros, que puede que estemos viendo la luz de estrellas que ya no existen. Sin embargo, para nosotros aún lo hacen. Si desde esas mismas estrellas, se pudiera ver nuestro planeta con un enorme telescopio, se verían dinosaurios andando por la superficie. O sea, un pasado ya olvidado, pero que aún sigue existiendo. Es como un rollo de película. El principio y el final ya existen en ella, pero nosotros la experimentamos a 24 fotogramas por segundo en el presente, de manera que, aunque la conclusión ya esté en la película, nosotros no tendremos acceso a ella hasta que lleguemos al final, de nuevo en el presente. Esto de nuevo es el modelo lineal. Pero lo curioso es que, si actuamos diferente, creamos una realidad paralela con un FINAL DIFERENTE.

Y ahora viene lo mejor, y es que si usamos nuestra imaginación y creatividad -que no vienen del pensamiento, ya que están fuera de la línea temporal-, CREAMOS UNA PELÍCULA DIFERENTE.

Aquí tenemos que hacer una pausa para entender que la creatividad no viene del pensar. Eso no significa que pensando no podamos crear cosas interesantes, pero la INSPIRACIÓN que nos hace decir “EUREKA” no viene de pensar, sino del subconsciente, que está unido a la información universal, y luego PENSAMOS para hacer que esa inspiración inconsciente se pueda materializar en el mundo real.

Es decir, que primero hay una conexión inconsciente con la información atemporal del universo y luego usamos la mente consciente para hacer que esa idea ocurra en la realidad lineal. Es lo mismo que decir que sin darnos cuenta, manifestamos un evento del futuro en el presente, y nuestra mente -al no entenderlo- lo llama coincidencia o casualidad… aunque nosotros hayamos sido la causa de que ese evento haya ocurrido en nuestra vida. No hace falta que estéis de acuerdo. No llevo razón. Son simplemente pensamientos y opiniones.

En el ejemplo del libro del inicio, yo no sabía conscientemente cómo conseguirlo. Pero de alguna forma inconsciente, puede que supiera -increíble, ¿no? -, que había dos ejemplares en Nueva Zelanda y tomé los pasos conscientes para que mi trabajo me llevara allí, y luego asombrarme por encontrarlos en un lugar tan remoto.

¿Quién dijo que no somos divertidos?

“Somos criaturas proclives a jugar, a divertirnos, somos las nutrias del Universo. No podemos morir, no podemos herirnos, así como no es posible herir las ilusiones proyectadas sobre la pantalla. Pero podemos creer que estamos heridos, en cualquier detalle agónico que queramos. Podemos creer que somos víctimas, asesinados, estremecidos por la buena suerte y la mala suerte en la Matriz, o patio de juegos del Universo “. —Ilusiones, Richard Bach

El famoso libro “El Secreto” habla de que todo lo que pensamos se convierte en realidad. Pero sólo habla de media verdad.

“Transurfing” habla de algo parecido, sólo que incluye el término de “Los Péndulos” que son los que nos van a impedir conseguir nuestros objetivos, ya que dice que creamos un péndulo por cada deseo que expresamos. Es el universo intentando “corregir” la cantidad de deseos expresados que sobresalen de “la media”.

Todos sabemos que todo el mundo quiere ganar la lotería, pero sólo unos pocos lo consiguen. Es decir, que no todos los deseos se cumplen, sobre todo si el nuestro va contra el de la mayoría, o todos queremos lo mismo y no es posible. Y esto es porque el Universo -o inconsciente colectivo-, parece diseñado para que haya ciertos límites y no seamos -o no nos creamos- completamente dioses. Con lo que ha introducido la mente y la consciencia, accesibles de forma inmediata, y la inconsciencia -más difícil o imposible de acceder-, como equilibrador. O sea, lo que los antiguos llamaban “Las Musas” y nosotros hoy “Inspiración” a la que no tenemos control de acceso consciente. Parece que hay que poner velas, incienso, beber algo de coñac, y esperar a que se abra el portal, del que parece no tenemos llave. Pero eso es una creencia. Sí tenemos la llave. SOMOS LA LLAVE. Y esto también es otra creencia.

“No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”
― Friedrich von Schiller

La palabra sincronicidad proviene de las palabras griegas “unión” y “tiempo. ¿No os dice nada esto?

Cuando no tenemos respuesta a un evento, o no lo entendemos, lo llamamos “misterio” e intentamos explicarlo rellenándolo con leyendas, hadas, monstruos y dioses, que al menos cubren el terrible agujero negro de lo desconocido. Las sincronicidades -término acuñado por Jung- y las “casualidades” son mágicas. No entendibles. Ocurren -a menudo- y siempre nos asombran. Puede que yo esté haciendo lo mismo en este artículo al hablar de cosas metafísicas o místicas. Pero sigamos jugando.

En la película “Matrix”, Neo cree ver un gato por segunda vez. Un “dejá vú” que resulta no ser tal, sino un “glitch”, o sea el resultado físico que ocurre al cambiar algo en la estructura de la Matriz. Lo que Neo no sabía en ese momento, es que él podía cambiar esa estructura. Hay veces que tenemos la intuición o la certeza de que algo que no sabemos qué va a ocurrir, ocurrirá, y luego nos asombramos cuando ocurre. O reconocemos un lugar en el que sabemos que nunca hemos estado. O pensamos en una persona que hace años que no vemos, y en ese momento esa persona nos llama al teléfono. Como si hubiera una “inteligencia” que nos sorprende, y de la que creemos no tener control.

Si no hay CASUA-lidades, entonces lo que hay son CAUSA-lidades.

Es decir, causas ignoradas por un efecto desconocido, como decía Voltaire. Efectos que producen causas que a la vez producen efectos.

Yo llevo tiempo observando esta otra consciencia de la que el cerebro no sabe nada y cuyos efectos siempre llama casualidad. ¿Por qué no sabe nada de ella?, porque proviene de una consciencia mucho más grande. Sería como una linterna que intenta iluminarse a sí misma, por así decir. Sólo puede ver los efectos de su haz de luz reflejado en otros objetos. Como dije en otros artículos, el Sol sólo puede observar su luz reflejada en la Luna.

Hablo de la consciencia que creó el Universo y las estrellas que le dan vida, calientan y alimentan desde mucho antes de que nosotros naciéramos o nuestro cerebro existiera. Es la que nos hace respirar este elemento químico llamado oxígeno de número atómico 8, en estado gaseoso y tremendamente relacionado con el agua de la que venimos y estamos formados, agua que se cree llegó congelada del espacio exterior en meteoritos que emulaban espermatozoides cósmicos, o por el proceso de enfriamiento y condensación del vapor originado por la desgasificación del magma terrestre. Es el oxígeno que nos dá vida y a la vez nos mata oxidando nuestras células. Un elemento químico que se formó en hace 2500 y 1600 millones de años en el período Paleoproterozoico, combinándose con el hierro disuelto en los océanos, -curioso y conveniente-, que exhalaron el oxígeno que llegó a su nivel actual del 10% hace unos 1700 millones de años, debido a la evolución de las bacterias fotosintéticas. Es un elemento cuya concentración en nuestro planeta, es una excepción en el sistema solar y el tercero más abundante en el Universo tras el hidrógeno y el helio, que no respiramos. Y su nivel se mantiene equilibrado -Marte y Venus tienen concentraciones mucho menores-, debido a los procesos de respiración y descomposición que eliminan el producido por la fotosíntesis. Más aún, hay agua líquida en el planeta por el tamaño del planeta y su distancia al sol. Si cualquiera de estas condiciones cambiara, no habría vida en la tierra como la conocemos. ¿Y a qué se debe la enorme variedad de vida? Curiosamente, es la forma de supervivencia del planeta. ¿No es esto increíble, inconcebible, brillante? Por supuesto, muchos no lo llamaríamos “consciencia” sino un juego de billar infinito en el que los elementos se combinan hasta formar sistemas que se apoyan, corrigen y funcionan.

¿Pero es todo esto casual?

¿Es éste el resultado casual de miles de trillones de combinaciones fallidas al azar, hasta conseguir un resultado específico, como el teorema del mono infinito, en el que un mono pulsando teclas al azar durante un período de tiempo ilimitado, llegaría a escribir El Quijote por casualidad?. Esto sería poner una etiqueta a algo que no entendemos. Aunque el cerebro humano haya llegado a descubrir muchos datos, no ha conseguido averiguar la causa de la singularidad, del Big-Bang, qué lo produjo ni la razón por la que ocurrió, si es que se puede decir que hay alguna, aunque haya muchas teorías.

Sabemos que hay un equilibrio en el ciclo biogeoquímico que mantiene la vida en nuestro planeta, y pensar que el Cosmos es sólo una gran máquina hasta cierto punto predecible -órbitas de planetas-, se antoja cada vez más imposible. La compleja evolución de los elementos desprendidos de esa enorme primigenia explosión, que terminó combinándose de formas increíbles hasta llegar a producir vida en este planeta y seguramente en otros aún no descubiertos, y los experimentos llevados a cabo desde la perspectiva de la física cuántica, no da lugar a las simples teorías mecanicistas, sino a la certeza de la existencia de una consciencia cósmica, de la que muchos científicos y astrofísicos no quieren hablar en público, pero sí hacen en privado y que cada vez pueden negar menos.

El método científico se basa en dudarlo todo, emitir teorías basadas en conocimiento anterior y en corroborarlas mediante experimentos científicos repetibles. Y en esos experimentos aparecen sincronicidades espectaculares.

La física cuántica nos sorprende cuando dos partículas relacionadas son separadas artificialmente, y vemos que, aunque lo estén a enormes distancias, reaccionan ante un estímulo de la misma forma y a la vez, lo que sugiere que siguen conectadas de alguna manera, por lo que llamamos entrelazamiento cuántico.

Si esto es cierto y todo lo que compone el universo son partículas separadas de la misma singularidad, ¿no estamos entonces todos y TODO entrelazados cuánticamente?

Como dice Philippe Guillemant, ingeniero físico francés: “El espacio, el tiempo y la materia, no existen. La realidad no está hecha de esas tres cosas. La realidad es una mezcla de energía, vibración e información. La energía reemplaza la materia, la vibración el tiempo y la información el espacio”. Es decir, vivimos en un universo energético que vibra con información del pasado y del futuro en el presente. Y nosotros tenemos acceso a esa información, con lo que las sincronicidades son simplemente la manifestación a ese acceso. Nuestra realidad no es un holograma físico, sino un holograma de consciencia.

Lo repetiré más claro: Vivimos en un mundo de información, en el que espacio ni el tiempo existen.

La casualidad ocurre, la causalidad se crea.

Preguntaréis, si esto es así, ¿por qué cuando nos concentramos en un elefante rosa, éste no aparece en la habitación, como parece sugerir El Secreto?

primero porque lo que pensamos lleva un cierto tiempo en manifestarse en la realidad.

Segundo porque la creación no ocurre simplemente por pensar el algo, sino que parece tener que estar unida a una sensación o emoción atemporal.

Tercero porque hay que dar los pasos para HACER que ocurra, con herramientas, o tomando las decisiones correctas en esa línea de tiempo.

Y cuarto, porque nuestra realidad colectiva mezclará todas las intenciones y deseos humanos para crear una única realidad en la que todos vivimos.

Como dije antes, no todo el mundo puede ganar la lotería. Eso iría en contra de las reglas establecidas por el colectivo. Además, que hay que pedir en general, no con detalles, contrario a lo que dice El Secreto. El concentrarse en detalles sólo sirve si los usamos para provocar la emoción positiva de que recibiremos lo que hemos pedido, pero siempre soltando las riendas sabiendo que nunca será exactamente como lo visualizamos.

“Lo que no hacemos consciente, se manifiesta en nuestra vida como destino” —Dice Jung sobre la sincronicidad, porque lo manifestado sale de nuestro inconsciente, no de nuestra mente consciente o de nuestros pensamientos, con lo que, para atraer sincronicidades a nuestra vida, necesitamos primero hacer un esfuerzo para salir de esta área densa en la que vivimos una ilusión y:

1.- Aceptar el cambio, lo que atrae desapego, ya que asociamos lo que somos a estados económicos, raciales, profesionales o a otras ilusiones que desaparecerán con la muerte, en cualquier caso.

2.- Soltar. No querer tener el control. Relajarse. Confiar en el Universo. Dejar que nos cuide y nos sorprenda.

3.- Salir del camino conocido para conseguir confianza, es decir, atreverse a hacer lo que más miedo nos dá y salir de la caja de confort. Ahí es donde están las sincronías.

Y todo esto, no sólo pensando encerrados en una habitación, sino interaccionando con el mundo, que nos lanzará piedras “los Péndulos” del Transurfing, para equilibrar, a los que no tenemos que hacer caso o concentrarnos en ellos. Por eso lo de aceptar, soltar y salir a lo desconocido.

Los matemáticos entienden que hay infinitas variables que se pueden mezclar en un camino único, que siempre cambia a la vez que cambian las variables. De esta manera, el futuro -que ya ha ocurrido, con lo que no tendríamos libre albedrío-, cambia a la vez que tomamos decisiones -en nuestro presente- para cambiar nuestro futuro con nuestro libre albedrío, con la condición de que exista una única versión viable, es decir, una cadena CAUSAL.

Suena paradójico. Y lo es. Pero éste es un universo de paradojas, donde se pueden dar a la vez dos o más estados imposibles, siempre que haya una ley superior que los permita. Es como querer ir del punto A al punto B. Nuestro GPS nos dá una ruta a seguir, y que nosotros podemos alterar o no seguir. Los detalles no son tan importantes como el destino, por eso cuando pedimos al Cosmos -nuestra propia inteligencia superior-, algo muy específico, no ocurrirá. Al Universo le gusta la libertad y quiere mantenerse dentro del área de infinitas posibilidades. Si intentamos acorrarlarlo en una de nuestra conveniencia, no nos dará lo que pedimos. Prestar atención es vivir el momento sin esperar nada.

Discernimiento es estar atento a las sincronicidades, que no son otra cosa que transmisión de información. Son “paramnesias”, es decir recuerdos del futuro. El término fue acuñado por Jung como “La simultaneidad de dos procesos vinculados por el sentido, pero de manera ACAUSAL”, es decir por una relación de significado. Se produce con mayor frecuencia en estados alterados de consciencia. Cuando algo nos impacta. Hay un campo psíquico al que no podemos acceder sólo con el pensamiento. En ese campo coexisten todos los eventos pasados presentes y futuros. No podemos acceder conscientemente a ese campo, pero cuando lo hacemos de una forma inconsciente o CONSCIENTE -presencia-, las sincronicidades ocurren. No es una guía en tanto en cuanto acceso a información. No se puede hacer voluntariamente. Sólo podemos establecer las condiciones para que se dén. Y soltar. En Oriente estas sincronicidades están más asumidas, ya que no piensan que están en un universo mecánico. Estas sincronicidades cambian la vida a muchas personas por el SENTIDO que tienen para cada persona. Aquí el sentido es muy importante.

La consciencia tiene 3 centros según Philippe Guillemant.

Uno de ellos es verdaderamente CONSCIENTE.

El segundo es INCONSCIENCIA del tipo mental.

El tercero, INCONSCIENCIA del tipo EMOCIONAL.

Estos dos últimos pueden surgir en la consciencia como emociones conscientes y pensamientos conscientes. Para saber quiénes somos realmente, tenemos que escapar de la influencia de lo mental y silenciar lo emocional, que siempre intenta asustar. Meditando, por ejemplo, para desarrollar una autoconfianza y una consciencia en el momento presente y ser feliz, sin atarse ni apropiarse de nada Y NO INTENTANDO EVITAR EMOCIONES NEGATIVAS, sino aceptándolas como parte del proceso de aprendizaje y de juego.

No es el día el que tienes que gestionar, sino el momento. No es el dragón el que tenemos que matar, sino el miedo. Y no es el camino el que debes conocer, sino el destino al que quieres llegar.

Las coincidencias, sincronicidades y el acceso a la información del pasado y futuro, están ahí. Ocultas a la simple vista de la mente, para que podamos olvidar que las hemos creado y podamos sorprendernos diciendo: ¡Qué casualidad!

 

© Miguel Ángel Fuertes

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