Cambiar el mundo

“Pensar es difícil, por eso la mayoría de la gente juzga” — Carl Jung.

Deseo viejo como la humanidad de la parte occidental del planeta. Desde Alejandro Magno a Elon Musk, pasando por Edison y Cleopatra, nosotros y nuestro vecino de al lado. Los de la parte oriental, por el contrario, se dieron cuenta de que lo único que había que cambiar es la percepción que tenemos del mundo. No el mundo. ¿Por qué? Porque vemos como pensamos. Y pensamos en dualidad. Sombras y luces, Cielo e Infierno, ángeles y demonios. Ormuz y Arimán. Lo que vemos que no nos gusta del mundo, es lo que tenemos dentro que hemos manifestado ahí fuera. No vemos la unidad. No vemos la REALIDAD. No vemos la flor. Vemos una foto, una posesión, un adorno, un regalo, un negocio, o daño al arrancarlas. Teñimos la REALIDAD con nuestros juicios de valor. Lo hacemos porque estamos divididos. En realidad, nos juzgamos a nosotros mismos al juzgar a los demás. Nos hacemos daño, y como consecuencia, dañamos el mundo.

Pero nada de esto es la realidad. La REALIDAD está por encima del bien y del mal.

La Biblia nos habla de que éramos UNO con la naturaleza y los animales en el Paraíso, hasta que nos identificamos con el fruto del árbol del conocimiento del BIEN Y DEL MAL, y entonces nos encontramos desnudos, cosa que antes no vimos. El ego ofídico, nos convenció de que comer del CONOCIMIENTO nos haría como dioses. Como si nos faltara algo en el Paraíso. Absurdo. Lo teníamos todo y renunciamos a ello en el despertar de la consciencia al interpretar lo que nos rodeaba, al ponerle nombre y desear más. Fue una evolución con tendencia a la entropía, a la separación. ¿Motivo?, para poder ver a la unidad desde la separación, ver la luz desde la oscuridad, volver a casa después de marcharnos, como en la metáfora del hijo pródigo, que en realidad, nunca dejó su casa.

Nos bombardean constantemente en las redes sociales con mensajes apocalípticos, injusticias, corrupción, guerras, polución y exterminio de la vida en el planeta, a la vez que sus soluciones por parte de CEOS de ciencia ficción, startups y entrepeneurs de todo tipo. Se habla de que nos enfrentamos a una catástrofe sin precedentes en la que necesitamos una solución a escala global, debido a que en el 2050, seremos diez mil millones de seres humanos en el planeta, y no habrá recursos -ni agua ni comida- para tanta gente. Especialmente al ritmo que los consumimos. Nuestros hijos lo van a pasar mal. Al mismo tiempo, vemos cada día individuos recogiendo plásticos, limpiando el mar, plantando árboles, diseñando energías alternativas, salvando y adoptando animales abandonados por negligencia, capricho o en zoos abandonados de países en guerra, personas que dejan sus trabajos para dedicarse a algún tipo de enseñanza o mejora medioambiental.

Vinimos a este mundo cuando ya estaba formado. El condenarlo o salvarlo no son más que acciones dentro del drama comedia/tragedia que proyectamos en la pantalla. Muchos pensaréis que hablo por hablar… que nuestras acciones crean resultados físicos específicos y que hay que salvar el planeta. Pero el planeta no necesita que lo salven, igual que el mundo no necesita que lo cambien, porque lo únicos que tendríamos que cambiar -si quisiéramos-, seríamos nosotros, que somos los que creamos la realidad que percibimos, y la vemos manifestada ahí fuera. Pero no queremos. Al menos globalmente, pero al parecer, sí individualmente. Decimos que queremos mucho a nuestros hijos, pero les estamos dejando un mundo de mierda para vivir. No sabemos querer. Ni a nosotros ni a nuestros hijos. Imaginaos querer al mundo.

Una noche sin luna….

En una playa de la isla de Santiago en Cabo Verde, mi guía y yo nos encontramos con tres voluntarios que surgen de la oscuridad. No les veo las caras. No conozco sus nombres. Apenas hablan. Son tres sombras incógnitas. Están de pié en silencio, esperando. Nos quedamos con ellos sin hablar. Es una sensación de expectación mágica, casi religiosa. Africa es definitivamente negra. De repente, hay una sombra oscura en la arena que no estaba ahí antes. El guía me susurra al oído que una tortuga viene a desovar. Parece haberse materializado de la nada. Se mueve muy lentamente. Sabes que hay algo grande ahí, pero hay que mover los ojos un poco para ver la sombra avanzar. Se me eriza el vello. Un ser ancestral de las profundidades viene hacia nosotros. Lovecraft. Estos animales llevan haciendo este ritual desde tiempo inmemorial, desde antes que el ser humano existiera en el planeta. Salen de la tinta negra del mar, a un terreno peligroso, guiadas mediante órdenes escritas en su DNA por una inteligencia mucho más vasta que la nuestra para “plantar” sus huevos en la arena. Extraño. Alienígena. De los ochenta y tantos huevos que puede llegar a poner una tortuga, sólo sobreviven el 1%. Las crías tienen depredadores naturales, las gaviotas y los cangrejos. Ahora hay que añadir, gatos, perros y el ser humano. Están desapareciendo. ¿Nos importa? No, para nada. La tortuga Boba (Caretta Caretta), la más común y fotografiada en el mundo, está en peligro de extinción. Desaparecerá en dos años si no cambiamos nuestro sistema de vida y nuestra economía. Y no los vamos a cambiar. Es más importante que gane nuestro equipo de fútbol y poder colarnos para que nos atiendan antes. Tener una vida más placentera trabajando lo mínimo para cobrar lo máximo. Usar las vacaciones, la condición social, la familia y las enfermedades para escaparnos de un trabajo que nos gusta cada vez menos, y que hemos tenido que aceptar porque esa es la “realidad” que nos han enseñado, en lugar de hacer lo que realmente nos gusta, plenos y libres respetándonos nosotros y a los demás. Las tortugas compartían la tierra felizmente con los dinosaurios unos 280 millones de atrás, y en unos pocos siglos de estar el ser humano en el planeta, empiezan a extinguirse. Curioso. ¿Sospechosos? Por supuesto hay leyes que las protegen. Aún así, protegerlas es simplemente alargar su extinción, porque estamos parcheando el problema, no la causa.

La tortuga llega hasta unas barcas en la playa. No puede continuar. Protegida por las embarcaciones, comienza a escarbar con las patas traseras, sin ver, el agujero que hará del tamaño exacto para los huevos que va a poner. Se puede escuchar el esfuerzo en su respiración. No es fácil para ella. Un voluntario cuenta los huevos uno a uno y anota en una libreta. Ochenta y seis. Otro saca un metro y mide su caparazón a lo largo y a lo ancho. Todo en silencio. Otro saca una jeringa, inyecta algo a la tortuga en la pata y luego la rocía con alcohol. Le ponen un chip para rastrearla, le dan un número y apuntan todo para luego enviar a otras estaciones de seguimiento, de manera que todo queda registrado para la protección del animal y sus crías. La tortuga ha terminado. Cubre los huevos con arena y empieza a intentar girar torpemente para volver al mar. Le cuesta mucho. Un voluntario se coloca delante para que gire. No lo consigue. La tortuga choca contra él y el reptil levanta su cabeza lentamente con un largo cuello intentado ver qué le impide avanzar. Lágrimas de agua salada cubren sus ojos no acostumbrados al medio aéreo. Después de varios intentos fallidos en los que la tortuga parece no encontrar el camino de vuelta, tienen que girarla hacia el mar agarrándola del caparazón. El animal prehistórico, se arrastra en silencio hacia la espuma que termina engulléndola. Ya no está. Acabo de presenciar un ritual milenario sin entrar en una máquina del tiempo.

Volvemos hacia la furgoneta, pero los voluntarios se quedan en la playa. Como si fueran familiares de la tortuga, protegerán los huevos toda la noche y se turnarán durante los próximos dos meses. No vi que llevaran nada para comer. Ni botellas de agua. Apenas les escuché hablar, no sé si en Portugués o en Criollo. Para mí siempre serán tres sombras sin nombre. No se hablará de ellos en las revistas ni se harán documentales, ni se les darán medallas, pero ellos están ayudando a cambiar el mundo. Individualmente. En silencio.

 

 

Robert Swan, la primera persona que recorrió a pié los polos Norte y Sur, habla de que su experiencia le hizo darse cuenta de que todas las cuestiones sobre nuestra supervivencia en la tierra, podrían no ser el problema de otras personas, sino que quizá tendría que ser él la persona que participase en las soluciones. En el año 2041, la legislación que protege la Antártida de la minería expirará. ¿Qué creéis que ocurrirá?

El Doctor Hung—Chang Liu, científico taiwanés, lleva desde el 2013 limpiando playas de Christmas Island en Australia después de ver una tortuga 5 horas luchar entre la basura acumulada por corrientes marinas para volver al mar. Y las crías que nacieron lo tuvieron aún peor, ya que cada trozo de basura era enorme para las pequeñas y terminaban agotadas, de manera que tuvo que rescatar a muchas.

Como vemos, los héroes son individuales y desconocidos. Pena que las grandes compañías, aunque fuera sólo para mejorar sus ventas, no ayuden estos esfuerzos con todos sus medios disponibles de una manera global, y cuando lo hacen, como Musk y su submarino, no parecen quedar muy bien en las redes sociales, porque los héroes reales, salvaron a los niños Tailandeses de las cuevas con sus manos. Y uno se sacrificó. Es decir, se mojaron literalmente. Lo dieron todo. No dieron limosna, ni algo que les sobraba. Aún así, recordaremos el nombre de Musk, no del rescatista que murió: Samarn Poonan de 38 años. Ex-miembro de la unidad de élite de la Marina Tailandesa. Descanse en paz.

Jaime Altozano es un compositor y productor musical español que lleva la docencia musical a internet y en el vídeo: “Los Miserables, la mejor fuga de Bach”, analiza musical y psicológicamente la obra de Víctor Hugo, estableciendo que las fugas siempre cuentan historias, y para él, Los Miserables es una fuga que va de GESTOS y SISTEMAS y de que los cambios ocurren sólo cuando hay SACRIFICIOS. No os preocupéis que ahora me explico. Empieza hablando del conflicto que hay en todas las religiones: Uno, aceptar el mundo -que hemos creado- tal como es, y dos, luchar por intentar cambiar el mundo a como creemos que debería ser. Y concluye que ninguno de los estados es mejor que el otro, sino que la virtud está en el equilibrio entre los dos, como en la Fuga en Do menor de Bach, en la que dos temas diferentes, acaban confluyendo en la misma nota, O SEA, LA UNIDAD.

Esto me tocó profundamente. El dilema de querer llevar razón, contra el de querer cambiar el mundo, porque son cosas completamente diferentes. Esto me recuerda al Curso de Milagros, en el que un milagro consiste en ver la realidad de otra manera, desde otro punto de vista, desde la unidad y no la separación. Esto lleva a la paz, y no se puede estar en paz y llevar razón a la vez, como comprobaremos luego. Si lo dudáis, dad la razón a alguien que quiera llevarla. Vuestro ego se sentirá mal, pero por dentro experimentaréis paz. Jaime se refiere a que en Los Miserables, el sacerdote da una primera oportunidad a Valjean, y después, al portarse éste mal, le da una segunda. Eso es lo que hace que Valjean cambie. El sacerdote pone la otra mejilla, -se sacrifica-. Lo mismo hace Valjean con su perseguidor, Javert. Cuando le puede haber matado, le deja libre y se entrega a él, -se sacrifica-. Javert se da cuenta por el GESTO de Valjean, de lo erróneo de su pensamiento y del SISTEMA que ha apoyado y por el que ha vivido su vida. Aquí podría cambiar, -experimentar un milagro y alcanzar la paz-, pero su mente no lo acepta porque quiere seguir llevando razón y termina suicidándose en lugar de cambiar. Ambas no pueden coexistir. Si lo hacen, es un engaño del ego. Jesús en la cruz pidió perdón a su padre para los hombres que le estaban torturando y matando. Ese ejemplo -y su SACRIFICIO-, se han extendido por el planeta y los siglos como la pólvora, y -dejando horrores de religión de lado-, ha cambiado a millones de personas y al mundo. Lo importante aquí es la historia, no la religión, aunque la historia lleva un componente ético.

Me gustan las analogías entre la vida y la música, porque la música se basa en la matemática, lenguaje no inventado, sino descubierto por el hombre. En ese sentido, se podría decir que tanto la matemática como la música son los lenguajes del Universo, -es decir-, más cercanos a la REALIDAD y a la UNIDAD, que todas las variantes y excusas, dicotomías y ditirabas que nuestro cerebro proyecta en ella. Entonces, podríamos concluir que parece ser que lo de hacer un gesto de bondad o dos que lleven a un sacrificio, cambia a los demás o al mundo. En la historia hay muchos ejemplos -algunos de gente completamente olvidada o desconocida-, que dieron desinteresadamente lo más preciado que tenían -sus vidas- por el bien común. Imagino que después del sacrificio, habría que hacer una buena campaña de marketing, para que no se olvidara al héroe, porque la humanidad no parece haber cambiado mucho al saber -o no querer saber- de Cristo, Buddah, Ghandi, Schlinder, Lincoln, Mandela, Dalai Lama, Rosa Parks, Alexei Ananenko, Valeri Bezpalov, Boris Baranov, Chiune Sugihara, Raoul Wallenberg, Vasili Akhipov, Stanislav Petrov, Henrietta Lacks, y millones más que siguen cambiando el mundo en el anonimato, sin que se les reconozca, en la sombra, individualmente. Una vida cada vez.

Pero el mundo, ¿realmente cambia para mejor? ¿O para peor?

Mientras sigamos aplicando parches a la presa que se desmorona, en lugar de construir una nueva o dejar el agua correr, o descubrir que no necesitamos ninguna presa, parece que el cambio va para largo, y más y más vidas se sacrificarán en intentar un bien común, que nunca parece llegar si no actuamos con masa crítica, es decir… TODOS A LA VEZ. Individualmente, si queremos.

 

“La campana del barco grita en el silencio,

llorando por otro año pasado.

Repica inútilmente en el mar

de nuestra indiferencia.

Alertando de lo que podría haber sido

experimentar una nueva vida,

en la que uno dejara de culpar al otro,

por lo que hizo o dejó de hacer.

En realidad todos pidiendo cariño,

sin saber darlo ni recibirlo.

La misma campana que anunciará

el fin de nuestros días.

Que nos regalaron para aprender a amar.

Y que suspenderemos, por juzgar.

En lugar de jugar.

Habrá quizá muchas más vidas

que no recordaremos.

Para pasar esa asignatura esencial,

y salir de esta escuela,

hacia nuevos lugares desconocidos”.

Miguel Ángel Fuertes.

 

 

“Recuerda que a veces, no obtener lo que quieres es un maravilloso golpe de suerte”. —Dalai Lama

 

“Haz lo que sientas en tu corazón que es lo correcto, ya que se te criticará de todas formas. Se te condenará tanto si lo haces como si no lo haces” — Eleanor Roosevelt

  1. #3
    Anónimo

    ¡Como siempre brillante!

  2. #2
    Cristina Recuero

    Una reflexión que al leerla una y otra vez, me invita a ver cómo mo somos, cómo nos creamos nuestro mundo, los juicios con los que vivimos y, qué gran reto es verlos, solo verlos. Si creo que el solo hecho de hacerlos conscientes, es un gran paso para uno mismo y para el resto. En esto si podemos ayudar al sistema del que formamos parte y por ende a nosotros. Una historia preciosa que me conmovió al escucharla y que de algún modo me invita a pensar que a pesar de las barbaridades que hacemos, hay esperanza y ganas de hacerlo bien, de contribuir.

  3. #1
    Eduardo Madinaveitia

    Hace poco leí una frase que va muy de acuerdo con lo que dices: "No se trata de salvar el mundo; el mundo seguirá existiendo por muchas barbaridades que hagamos. Se trata de salvarnos nosotros". Creo que verlo así ayuda a tener una actitud más práctica; para nosotros y para nuestros descendientes. Y sí: lo que hagamos cada uno de nosotros, que podemos convertirnos en héroes anónimos, es la clave para mejorar.

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