¿Somos animales territoriales en el trabajo?

Los humanos también somos animales territoriales

Observa a tus compañeros en el trabajo. Si te fijas en cómo se mueven, por donde circulan y qué hacen con sus objetos personales podrás conocer importantes rasgos de su personalidad, su nivel de educación o sus ambiciones.

Aunque se han ido suavizando los signos de jerarquía y poder, en la mayoría de las organizaciones, todavía es frecuente que haya espacios reservados para los jefes, que estos estén en la planta noble, que resulte más difícil llegar a ellos, que disfruten de más espacio y de un mobiliario y decoración más lujosos. El poder necesita su puesta en escena.

En las últimas décadas, las organizaciones que han querido transmitir una imagen más horizontal y democrática, han eliminado despachos privados, han tirado tabiques, han organizado el espacio y el mobiliario de manera que no haya un sitio asignado para cada empleado. Cada día hay que recoger todos los enseres y al día siguiente volver a montar campamento.

“Sin duda, el ser humano necesita el marco del territorio “propio” para sentirse libre y a la vez seguro. Libre porque dispone del espacio que considera suyo para llevar a cabo sus actividades vitales. Seguro porque, en principio, en su espacio está a salvo de injerencias de otros individuos”

Teóricamente esta organización tiene una serie de ventajas en cuanto a productividad y gestión, pero son dudosos los efectos psicológicos sobre los empleados pues es como si cambiaran de empleo cada día, o como si en su propia casa no pudiera disfrutar de este rincón propio donde tienen “sus cosas” y donde se sienten tan a gusto.

El poder se expresa ocupando espacio.

Las relaciones humanas se organizan entorno al concepto de territorialidad: poder, riqueza, libertad, igualdad, son ideas que están relacionadas con este concepto. La mayoría de las leyes y de las pautas de comportamiento social están en relación con el uso del espacio, ya sea público o privado, interpersonal o intergrupal.

Sin duda, el ser humano necesita el marco del territorio “propio” para sentirse libre y a la vez seguro. Libre porque dispone del espacio que considera suyo para llevar a cabo sus actividades vitales. Seguro porque, en principio, en su espacio está a salvo de injerencias de otros individuos. Por ello tiene que llevar a cabo acciones de prevención, para que no le usurpen su espacio y de defensa, en el caso de recibir cualquier ataque.

Los comportamientos activos (expansión del espacio propio, normalmente en detrimento del ajeno) y reactivos (prevención y defensa del territorio considerado propio) están presentes en nuestra vida cotidiana. Un compañero deja sus papeles en tu mesa, ocupa tu perchero o deja vasos sucios en el office. Además, se sienta encima de la mesa, te obliga a pegarte a la pared cuando os cruzáis por el pasillo y te toca el brazo cuando te habla. Muy probablemente no lo hace adrede, ni quiere dominarte de una manera consciente, ¡pero cuidado! Te está ganando terreno. Tendrás que reaccionar si no quieres vete desplazado en la organización: defiende tu espacio, ponte a la misma altura que él cuando te hable, siéntate también tú en su mesa y utiliza de vez en cuando su perchero.

Más allá del espacio personal –esta burbuja invisible que nos sigue a todas partes y que varía según las condiciones del entorno-  hay que considerar también el comportamiento respecto al espacio que consideramos propio: el territorio.

Podemos distinguir tres tipos de intrusión:

  • Violación: uso del territorio ajeno sin permiso, puede hacerse puntualmente y de forma agresiva. Alguien ocupa tu mesa, utiliza tu ordenador, temporalmente, sin tu permiso.
  • Invasión: intento de apoderarse del territorio ajeno; tiene una voluntad de permanencia. Alguien decide que tienes que cambiarte de sitio para ocuparlo él.
  • Contaminación: rastro que dejamos en un espacio ajeno después de ocuparlo temporalmente. Restos de comida o de papeles que dejamos en espacios comunes u objetos personales que alguien “olvida” en tu espacio.

El comportamiento en relación al espacio explica por qué en algunas relaciones hay confianza mutua y en otras no. Explica por qué adoptamos comportamientos protectores, defensivos, invasivos respecto a los demás. Nos permite comprender porque algunas personas nos parecen prepotentes y otras sumisas.

La clave del éxito es encontrar el equilibrio entre el uso de nuestro espacio personal sin invadir el de los demás. Durante todo el día ponemos esta habilidad a prueba ya que cada vez que compartimos espacio con alguien más tenemos que hacer uso de ella.

Además, la imagen que transmitimos, marca nuestra voluntad de dominar más o menos territorio. Por ello, es fundamental leer el lenguaje corporal de los demás.

Los movimientos del cuerpo, la postura o la ubicación en una sala están emitiendo mensajes sobre el rango que tiene esta persona –o se atribuye ella misma-.

Estas son las señales de expansión más frecuentes. Las personas que las utilizan suelen hacerlo porque tienen más jerarquía que las demás, desean tenerla o, aún sin posibilidades de obtenerla, tienen tendencia a mostrarse dominantes y aceptan bien la visibilidad.

  • Ubicación: en el centro de una sala, en la presidencia de una mesa, encima de una tarima.
  • Posición del cuerpo: de pie, de pie y en jarras, sentado y con los pies en la mesa, manos detrás de la nuca, etc.
  • Movimientos: pasos largos y firmes, gesticulación abierta, manos en la cintura, cabeza levantada, etc.

Las posiciones contrarias, serían reflejo de actitudes más tímidas, voluntad de discreción, incluso sumisión.

Por ello, es una buena estrategia si quieres que te vean como un posible candidato a un puesto más elevado o para un trabajo que exige visibilidad pública, que abandones los rincones, que te levantes al tomar la palabra, que abras tu pecho y levantes la cabeza. Todo en su justa medida, pues no olvides que con tu expansión puedes provocar la actitud defensiva de otros, especialmente si sienten amenazado su territorio, físico o conceptual. Y, por supuesto, siempre están los límites de la buena educación y el respeto hacia los demás. Cuando la voluntad de expansión se percibe como una injerencia y una transgresión de las pautas sociales, se nos vuelve en contra.

  1. #4
    Teresa Baró

    Gracias por vuestros comentarios. Respecto a los introvertidos, los humildes, los discretos, los poco ambiciosos... no podemos decir que tengan un probelma de comunicación. Depende del sector en que tengan que moverse y de sus objetivos. Y además, estos tienen otras estrategias compensatorias. Por ejemplo: discretamente, acaban haciendo lo que les da la gana. Por otra parte, podemos tener una "doble vida": la que hacemos en casa y con los seres de confianza y la que tenemos que practicar en el trabajo o en la vida social para que no se nos coma el vecino. En todo caso, siempre viene bien poder observarnos y observar a los demás, para poder reaccionar en consecuencia. Un saludo a todos los lectores.

  2. #3
    Marta Fernández

    Hay mucho hipopotamo dentro de mi oficina jajaja! Y es tal cual se cuenta aquí. Imposible invadir su espacio

  3. #2
    Miguel Alvarez

    El ser humano es un animal con consciencia de sí mismo, pero al final, acaba siendo un animal (también en el trabajo). Genial artículo Teresa, ¡gracias por compartirlo!

  4. #1
    David Alonso

    Parece que los que somos introvertidos tenemos un problema de comunicación y por lo tanto difícil progreso en la carrera profesional. Las actitudes que invaden mi espacio me molestan profundamente porque no veo sinceridad en ello... sino interés. Por eso no invado el espacio de otros. No creo que para ser más reconocido deba ocupar más territorio. No, no me veo como animal territorial. Aun asi, interesante texto.

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