Donde comen dos, comen tres

Recuerdo con cariño a una tía mía que siempre decía “donde comen dos, comen tres” como argumento para llevarme con ellos de vacaciones.

Tal vez engañado por esto tuve 3 hijos y la verdad es que el dicho no aplica.

No hablo de cuanto comen, sino del esfuerzo que supone una tercera “personita”. La irrupción del tercero cambia todo y desborda, complica y añade muchos elementos a la ecuación.

Desde bien pequeños buscan alianzas cambiantes y hay que gestionar el tiempo que le dedicas a cada individuo, pero más difícil, hay que gestionar el tiempo que se dedican entre ellos ya que no solo pelean por la atención del padre sino también por la atención de algún hermano en detrimento del tercero.

¿Y qué ocurre con los equipos en las empresas?

¿Es lo mismo gestionar 2 que 3? Desde luego la gestión no es la misma. En muchas ocasiones me he encontrado que cuando son 2 personas en el equipo,  tienden a compararse mucho entre sí, mientras que a partir de 3, este elemento desaparece o baja de intensidad.

Esto permite incorporar más fácilmente el elemento juego ya que al ser un equipo mayor, es más fácil incluir la competitividad al no existir el binomio ganador-perdedor, sino que aparece el ganador y el resto.

Y un elemento clave a conocer y gestionar son las alianzas. Y es que ningún equipo se puede permitir el lujo de dejar a alguien fuera, bien por decisión personal o por decisión/acción del resto del grupo.

Y volviendo al caso “casero”

Pasar de dos a tres en el día a día requiere muchas más acciones de arbitraje. Cuando solo hay 2 les pido que ellos gestionen las decisiones; si hay 1 galleta para 2 el primero la parte y el segundo elige… pero cuando hay 3 niños y una galleta… ni mi reparto sirve. Siempre hay alguno quejándose.

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