El invitado de la semana: Alejandro Castel – La inteligencia artificial, la próxima revolución

Se habla mucho estos últimos tiempos sobre la inteligencia artificial, tanto, que alcanza ya la categoría de moda. Se habla tanto que se ha llegado a convertir en una de esas palabras que trascienden su propio significado. ¿Dónde está el límite de lo que podemos llamar inteligencia? ¿Qué podemos considerar inteligente? ¿Qué no?

Piense en los animales, ¿cómo es posible que cientos de hormigas encuentren ellas mismas el camino más corto que une su comida con el hormiguero? ¿Cómo puede una abeja comunicarle a las demás abejas de su colmena a qué distancia se encuentra el campo de flores que acaba de descubrir? ¿Son estos animales inteligentes? O, ¿simplemente actúan con acciones sencillas que desencadenan, en su conjunto, en el logro de un objetivo?

En la actualidad, el ser humano se inspira en algunos de estos comportamientos que observa en la naturaleza para programar máquinas. Así pues, ¿cómo podemos decirle a una máquina que encuentre el camino más corto entre dos puntos? Hay muchas maneras de hacerlo, pero no debemos perder de vista que debemos programar algo para lo que no tenemos respuesta concreta y eso, es toda una revolución.

“Los seres inteligentes son capaces de aprender. Y por supuesto, las máquinas también”

En la programación clásica, el programador debe contemplar todos los casos posibles y todas las variables posibles para definirle claramente a la máquina como actuar. Por ejemplo en una calculadora, si pulsa el botón multiplicar, debes realizar una multiplicación, que se realiza de este modo y no de otro. Sin embargo hoy en día, nos estamos encontrando con nuevos problemas para los que no tenemos solución y debe ser la máquina la que la encuentre por nosotros.

¿Qué es la inteligencia artificial?

Definir qué es la inteligencia es más difícil de lo que parece. Creo que la definición más acertada, o la que más se aproxima, es que la inteligencia es la capacidad de predecir el futuro. No, no nos referimos a si este año va a enamorarse o si le va a ir bien en el trabajo, nos referimos a predecir consecuencias sobre nuestros actos. Sabemos que si cruzamos la calle con el semáforo en rojo nos exponemos a un atropello, si insultamos a alguien, éste se enfadará. Obviamente, cuanto más complejas sean estas predicciones, mayor inteligencia se presupondrá. No debemos olvidar que el ser humano no es el único que demuestra estas cualidades. Un perro es capaz de aprender que si hace sus necesidades dentro de casa, su dueño se enfadará. Es capaz de aprender que si su dueño se enfada, probablemente le grite. Ésta es la gran clave de todo, los seres inteligentes son capaces de aprender. Y por supuesto, las máquinas también.

¿Cómo aprenden las máquinas?

Una máquina es capaz de aprender, y no dude de que es capaz de aprender mejor que cualquier ser humano, del mismo modo que hoy en día nadie duda de que una calculadora calcula mejor que un ser humano.

¿Cómo aprenden? Bien, del mismo modo que para resolver otros problemas más sencillos nos inspiramos en colonias de animales de comportamientos muy simples, para problemas más complejos nos inspiramos en los animales más complejos, los seres humanos.

La importancia de las redes neuronales

Como podrá imaginar, para poder resolver un problema que requiera de un aprendizaje, el ser humano ha optado por programar redes neuronales. Estas redes neuronales no son más que imitaciones del cerebro humano a una muy pequeña escala. De este modo, programamos neuronas que interconectamos entre si y que son capaces de reconocer patrones, exactamente igual a como lo hace nuestro cerebro.

Sin embargo una vez creado, ese cerebro está virgen, podría decirse que como el de un niño recién nacido. Es por lo tanto necesario entrenarlo para que realice la tarea que nosotros necesitamos. Se le entrena con miles de datos y muestras que nosotros conocemos, los mismos que a un ser humano le llevaría años aprender fruto de la experiencia, y que la máquina es capaz de asimilar en algunas horas. Y ya está, esa máquina será capaz de predecir, en función de unas entradas, unas soluciones a un problema para el que no había solución concreta.

Llegados a este punto podríamos preguntarnos si ya hemos alcanzado la plena inteligencia artificial. Tenemos máquinas capaces de predecir un cáncer mejor que los mejores doctores, máquinas capaces de reconocer objetos mejor que cualquier humano, máquinas que son capaces de componer sinfonías, e incluso guiones de películas, mejor que la mayoría de seres humanos.

¿Pueden pensar las máquinas?

Sin embargo, sólo hay una cosa que las máquinas todavía no son capaces de hacer con respecto al ser humano. Las máquinas todavía no pueden pensar.

Es importante aclarar este punto. La inteligencia artificial es capaz de hacer prácticamente lo mismo, o mejor, de lo que podría hacer cualquier cerebro humano si nos centramos en tareas sencillas. No obstante, al menos hoy en día, la máquina no sabe porqué lo hace, ni tampoco para qué. Por lo tanto, no puede considerarse que tengan consciencia. Son meras calculadoras.

¿Llegarán algún día a pensar las máquinas?

Bien, la realidad es que todavía estamos lejos de ese punto (entiéndase por lejos un par de décadas), pero lo cierto es que se camina en esa dirección. Un robot que sea capaz de aprender de cualquier situación por si mismo, porque considera que es importante aprenderla, aunque su creador no se lo haya dicho explícitamente, puede ser muy beneficioso para el ser humano, ya que como hemos comentado, lo hará mejor y más rápido. Pero esto abre un debate social importante, alimentado en parte por años y años de cine hollywoodiense, donde rara vez podemos ver a una inteligencia artificial que no quiera destruir a la humanidad. Es curioso observar como, por ejemplo en Japón, la percepción que tiene la sociedad sobre los robots es radicalmente opuesta. Los robots siempre ayudan a los seres humanos a salvarse en la mayoría de sus dibujos animados infantiles.

Es posible que en la esencia, no seamos tan distintos a las máquinas

Es obvio que si le otorgamos a una máquina la capacidad de autoprogramarse por si misma a su antojo, al menos, hay que considerar la posibilidad de que pueda reprogramarse contra nosotros (aunque fuera una posibilidad muy pequeña).

Es por ello que muchos expertos alertan sobre la posibilidad de crear una inteligencia con un libre albedrío total, más inteligente y más rápida. Estaríamos creando una especie de ser superior, adelantado a cualquiera de nuestros movimientos, ya que contempla muchos más escenarios futuros.

El dilema del libre albedrío

Pero, ¿acaso los seres humanos tenemos libre albedrío total? Bueno, en principio si, pero la realidad es que tenemos una serie de necesidades vitales que nos limitan dicho libre albedrío.

Somos animales sociales y por lo tanto disfrutamos con la aprobación de nuestros semejantes. Un ser humano es infeliz cuando le rechazan el resto de seres humanos, es infeliz cuando no se siente querido por nadie. Sabe que está haciendo algo mal cuando lo hace y su conciencia no le deja dormir.

En última instancia, el ser humano nunca preferirá ser infeliz. Obviamente existen excepciones a esta regla, pero es debido a “fallos en la programación” de estas personas (escrito en su ADN). La gran diferencia es que nosotros sí controlamos el ADN de la inteligencia artificial que deseamos crear. El ser humano siempre se ha inspirado en aquello que observa en la naturaleza, pero inspirarse no es copiar, se puede mejorar y eso es a lo que debemos aspirar creando una inteligencia, debemos añadirle unas pautas de comportamiento que vayan integradas en su propio ADN.

Sin embargo nos estamos adelantando demasiado en el futuro, la realidad es que hoy las máquinas son capaces de hacer cosas que hace escasos diez años era imposible hicieran. Se está reinventando la programación clásica para adecuarla a estos nuevos problemas, y se esta cambiando el modo de computación gracias a estos avances.

La inteligencia artificial, clave para entender el funcionamiento del cerebro

Aunque todo esto es importante, no es ni de lejos tan importante como lo que la inteligencia artificial nos está enseñando sobre nuestro propio cerebro. Sobre cómo se comunican nuestras neuronas entre sí y sobre cómo se agrupan, sobre cómo somos capaces de distinguir distintas caras u objetos.

Por ejemplo, ¿nunca se ha preguntado por qué tenemos tanta facilidad por ver caras en todas partes? Nuestro cerebro está programado para ello.

“Del mismo modo que es peligroso volar en artefactos que pesan toneladas, la inteligencia artificial tiene ciertos peligros a considerar, pero se superarán, y cruzarse con un robot por la calle será tan natural como viajar a San Francisco”

¿Cuántas veces una nube le ha resultado un objeto familiar? Su cerebro tiene un patrón de dicho objeto almacenado internamente. Cuando usted ve esa nube, su cerebro le está indicando que ese objeto blanco vaporoso del cielo parece un conejo, sin embargo al mismo tiempo su cerebro, preparado para reconocer patrones, le está diciendo que un objeto vaporoso en el cielo probablemente sea una nube y no un conejo, por lo que la probabilidad de que realmente sea un conejo es muy baja y es descartada. Es muy interesante ver este efecto en una red neuronal programada para reconocer aves.

Observe como, en su interior reconoce patrones que le recuerdan a aves. Sin embargo, sabe que es altamente improbable que lo sean realmente y no dará ningún resultado positivo, lo que no implica que, como se ve en la figura, no los busque.

Por si todavía no le parece suficiente, ¿se ha preguntado que son los sueños? Se cree que cuando nuestro cerebro sueña, está reordenando la información para hacerla más accesible y no perderla. Ello explicaría la necesidad de descansar bien y explicaría porqué la mayoría de sus sueños son de situaciones que le han acontecido durante el día. Así pues las personas ciegas sueñan con textura, sonidos y olores, no con imágenes, por poner un ejemplo.

¿Cree que las máquinas no sueñan? Efectivamente, del mismo modo que los seres humanos reordenamos la información que nos ha llegado durante el día, también lo hacen las inteligencias artificiales en sus capas de neuronas internas. De este modo, si extraemos qué imágenes tienen almacenadas allí, observamos creaciones totalmente nuevas y totalmente artísticas generadas de manera autónoma por ellas mismas, lo cual es apasionante.

Es curioso ver también que, al igual que los humanos, los sueños de las máquinas en la mayoría de ocasiones no tienen ningún sentido y se entremezcla todo. Es posible que en la esencia, no seamos tan distintos a las máquinas.

Lo cierto es que, nos guste o no, el ser humano ha necesitado de herramientas al principio, y de máquinas sofisticadas después, para sobrevivir. Es nuestra naturaleza y así seguirá siendo. No tiene sentido negarse al inevitable progreso que nos traerá la inteligencia artificial. Nos traerá muchos avances y todos ellos seguramente buenos. Para ello, debemos estudiarla a fondo para comprender mejor el órgano del que menos sabemos de nuestro organismo, el cerebro. Debemos reconocer nuestras limitaciones para aprender a sortearlas y que nos ayuden a superarlas.

Del mismo modo que es peligroso volar en artefactos que pesan toneladas, la inteligencia artificial tiene ciertos peligros a considerar, pero se superarán, y cruzarse con un robot por la calle será tan natural como viajar a San Francisco.


Sobre Alejandro Castel Baixauli

Alejandro Castel Baixauli
Programador y emprendedor en telecomunicaciones.

Graduado en Telecomunicaciones, especialidad electrónica y graduado en sonido.

Fundador de Litomo Music y premio StartUPV 2016.

Deja un comentario

7 − 3 =

  1. #7
    Miguel Alvarez

    Difícil encontrar una explicación tan (aparentemente) sencilla de lo que es la Inteligencia Artificial y de cómo funciona. Es curioso comprobar cómo al jugar a ser creadores, descubrimos cuánta similitud hay entre nosotros y aquello que estamos creando. Gracias Alejandro por compartir en CreaTECH540º esta fantástica reflexión. Un saludo.

  2. #6
    Marta Esteban

    Es muy interesante, la verdad. Sin embargo, creo que la concepción de "inteligencia" en este texto no es del todo correcta -o no abarca todo lo que debería abarcar-. En mi opinión, hay que distinguir inteligencias (ya no hablo sólo de las múltiples de Gardner, sino también de la emocional, definida correctamente por Goleman). Si es verdad, y es lo que más me ha gustado del texto, que gracias a la Inteligencia Artificial, podremos entender y estudiar mejor ciertos procesos cerebrales, así como gracias al Big Data podremos mejorar nuestro entendimiento de muchas enfermedades. Mis felicitaciones al autor.

  3. #5
    Gorka Martínez

    Gran post. No estoy de acuerdo con cómo trata el autor el tema de la regulación AI, el libre albedrío, no limitar a las máquinas y no ver esas implicaciones. Por poner un ejemplo, estamos enseñando a las máquinas QUE NO PUEDEN COMETER ERRORES. Su error significa deshechar a la máquina, ¿se imaginan la casuística? Un robot inteligente podría ver en los humanos a seres con errores, y por lo tanto prescindibles en una nueva sociedad. El problema no es pequeño y como cita Alejandro, los avances en los últimos 10 años han sido espectaculares... ¿cómo esperan que sean los 10 siguientes? la IA es una oportunidad pero también una seria amenaza.

  4. #4
    Jose Carlos

    Muy interesante Alejandro.

  5. #3
    Anónimo

    Me ha encantado el artículo! Creía que la IA era bastante más compleja de comprender y lo has explicado de manera muy sencilla con ejemplos claros. Veremos dentro de unas décadas cómo evoluciona esto!

  6. #2
    Emma

    Muy buen artículo y muy bien explicado Alejandro. Al final no somos tan distintos a las máquinas!

  7. #1
    África

    ¡Es super interesante! No imagine que nos pareciéramos tanto a una máquina en aspectos tan humanos como el pensamiento o el sueño. Y respecto a "fallos de programacion" por un lado se edita el genoma ya... por el otro, si existen, sólo que deshechamos a las máquinas que los tienen ¿no?

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