¿Vivimos en la era de la posverdad?

El 67% de los votantes de Donald Trump cree que el paro aumentó durante el mandato de Obama a pesar de que en febrero de 2016 bajó del 5% por primera vez en muchos años.

De hecho “la mayoría de los votantes de Trump cree…” es uno de los comienzos más repetidos de tuits y noticias publicadas en los últimos meses. Una gran parte de esas cosas que creen son falsas, de una falsedad fácilmente verificable simplemente con buscar los datos verdaderos en Internet.

Norberto Gallego, el conocido periodista especializado en tecnología, no pudo evitar escribir sobre Trump; casi nadie hemos podido resistir a la tentación. Comentando la guerra que Google y Facebook han declarado (ahora que, a posteriori, han visto el peligro) a las noticias falsas, recogía este dato referido a las noticias sobre Trump: las 20 noticias falsas más reproducidas en Facebook tuvieron 8.711.000 impactos; las top 20 verdaderas sumaron 7.367.000.

La veracidad importa mucho menos que el hecho de que sean graciosas o, más importante aún, coincidan con las ideas de quién las comparte.

Pero no hay que irse tan lejos. La mayoría de los españoles (y no sólo los votantes del PP) cree que durante las legislaturas de Zapatero disminuyó el empleo que se había creado en las legislaturas de Aznar. Sin embargo, si consultamos datos oficiales, la afiliación a la Seguridad Social (el mejor índice de empleo real) sólo había superado los 17 millones de personas entre los años 2004 y 2011, justo los años de las dos legislaturas de Zapatero. Sólo recientemente, desde mediados de 2015, se ha vuelto a pasar de los 17 millones…pero aún estamos muy lejos de los 19, que únicamente se superaron en 2007 y 2008.

Ahora tenemos casi cualquier dato al alcance de la mano, a unos pocos clics; los verdaderos pero también, ¡ay! los falsos.

Hay una frase atribuida a Göbbels que refleja muy bien esta situación: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Ahora las posibilidades de repetición son infinitas.

Y las noticias falsas, como hemos visto, circulan más rápido en cámaras de eco como las redes sociales.

Una viñeta reciente de El Roto, ponía de manifiesto esta paradoja. El protagonista, consultando las noticias exclamaba: “Todas son mentiras, pero son gratis”. Una buena reflexión sobre este mundo infoxicado en el que obtener datos no cuesta nada pero, a veces, verificarlos resulta muy complicado.

Una buena parte de los argumentos utilizados por Trump en su campaña eran falsos o imposibles de cumplir (la construcción del muro, la deportación de once millones de ilegales, sus baladronadas sobre las mujeres, las acusaciones hacia Obama de islamismo o de haber nacido fuera de Estados Unidos, su política sobre refugiados,…) pero eran los que sus electores querían oír.

La era de la posverdad

Igual podría decirse de Nigel Farage y sus afirmaciones sobre el “Brexit”, muchas de ellas desmentidas por él mismo a los pocos días de ganar el referéndum…pero consiguieron millones de votos.

Tendemos a creernos aquello que está más cerca de nuestras ideas, nuestras opiniones o nuestra ideología. Nos convencen más nuestras emociones que la mejor serie de datos más contrastados.

Hace ya unos cuantos años, en la primera época de Twitter, mi amigo el sociólogo Víctor Gil comentaba: “mi Twitter no se parece al tuyo, ni al de nadie. Cada uno tendemos a seguir a la gente con cuyas ideas estamos más de acuerdo”. Ahora que tenemos más información y más datos que nunca a nuestro alcance, corremos el riesgo de hacer cada vez más fuerte e inexpugnable el castillo cerrado de nuestras propias ideas.

Como dice el filósofo José Antonio Marina, en la era de la postverdad “da igual lo que se dice; al mes siguiente se está diciendo otra cosa”.

No sólo es Internet. Si nos vamos a los medios más tradicionales los encontramos dominados por las tertulias y sus “tertulianos de cabecera”. Todos son capaces de hablar de cualquier tema con igual desparpajo pero siempre transmiten la misma ideología, la suya en cada caso, de manera que si se les ha visto un par de veces es muy fácil adivinar qué va a opinar cada uno sobre el tema del día.

José de la Peña (@Sandopen) escribía en Bez Diario: “para cada problema complejo hay una solución simple, clara y equivocada”.

Así entramos en el mundo del cuñadismo que seguro que en estas próximas fiestas llega a su máxima expresión

¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela (Antonio Machado)

  1. #8
    Eduardo Madinaveitia

    Muchas gracias, Teresa. Seguro que siempre ha sido así pero ahora todo se amplifica porque nuestras posibilidades de comunicación también se han amplificado sobremanera.

  2. #7
    Teresa Rivera

    Veo y cada vez más, igual a causa del entorno digital y de lo manipulados que estamos por él, que creemos lo que queremos o nos interesa creer y que basta con que cualquiera lance 10 veces una frase, un comentario, una imagen para agarrarla como certeza e incorporarla a nuestro discurso y lanzarla con seguridad al mundo. No se decir si esto ocurrió siempre o quizás ahora es mas claro o yo lo veo más claro. Las Redes sociales de hoy son las comidillas de pueblos y barrios donde como bien dice Eduardo, una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad y para esto había otro que decía: "Cuando el río suena, agua lleva" por si a alguien se le ocurría dudarlo....Buenísima reflexión que deja evidencias de lo manipulables que somos.

  3. #6
    Eduardo Madinaveitia

    Gracias por tu comentario, Carolina. Educar y enseñar es una solución, sin duda, pero cada vez va a ser más complicado distinguir los datos reales de las manipulaciones porque seguramente se insistirá mucho más con las manipulaciones, que suelen ser siempre interesadas.

  4. #5
    Carolina

    El juego de cifras ha sido siempre un arma política. Los que ya tenemos cierta edad recordamos cómo la gente se alegraba sistemáticamente de los buenos datos cosechados en paro en referencia a los meses de verano. Hablabas de quitar estacionalidad y comparar cifras respecto interanuales del mismo mes y te miraban con cara de escepticismo. Eso ha cambiado, ahora el juego está en practicar la táctica goebbeliana de convertir a fuerza de repetición mentiras en verdades. Solo hay una solución: Educación. Enseñame a buscar verdades y no tu verdad. Ésa es la arma que tenemos que usar.

  5. #4
    Eduardo Madinaveitia

    Gracias por los comentarios. Julián ¿nuestra verdad o, ahora, nuestra mentira?¿Somos conscientes? Sandra: esa es la cruz de la democracia. Todo el mundo tiene que poder votar; más aún ahora que todos tenemos la posibilidad de informarnos mejor. Habrá que inventar vacunas contra las mentiras que nos guste oir (a cada uno las suyas). Muy buena esa visión, Miguel: la nueva censura es saturarte de noticias y que no sea fácil distinguir cuales son las verdaderas.

  6. #3
    Miguel Alvarez

    Genial Reflexión Eduardo. En mi opinión esto lleva ocurriendo siempre, el problema actual es que quiénes daban luz y ofrecían información (con sus sesgos), por lo menos contrastaban lo que publicaban, cosa que está dejando de ocurrir (Ver las fake news sobre Trump o lo de Nadia en España). Además está el efecto Eco Chamber de las redes sociales, el presumible control de ciertos grupos de interés de lo que se muestra o no en los algoritmos, el reporterismo y los influencers que actúan ya como medios de comunicación. Ya no sólo existe la posverdad, sino altavoces y condiciones perfectas para propagarla como epidemia. Si encima, "la generación más preparada" y las anteriores, no saben leer informes e interpretarlos (tenemos el caso del estudio de la pobreza de Oxfam), pues el resultado es que buscar la verdad entre tanta infoxicación será similar a buscar una aguja en un pajar. La nueva censura no es prohibir, sino saturarte de noticias y que busques la verdad. ¡Gran reflexión!

  7. #1
    Julián López

    Esta palabra lleva mucho con nosotros. Antes su significado era "buscar nuestra verdad" ahora es lo que comentas Eduardo, creernos la mentira que encaje con nuestras emociones y creencias primarias. Buena reflexión, saludos!

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