¿Qué se gana y qué se pierde viviendo en la ciudad?

Aquello que es beneficioso para un individuo puede ser un lastre para otro. Por ese motivo, basaré este texto en mi experiencia personal, para que cada uno de ustedes, aplicándolas a sus prioridades y objetivos, puedan extraer sus conclusiones.

 “Nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira”.

Toda mi trayectoria profesional se ha materializado en diversas ciudades, Sevilla, Cádiz, Madrid, … Esto me permitió realizar contactos y adquirir conocimientos que nunca habría podido obtener en una zona rural.  Lo que se y lo que soy se lo debo a las ciudades que me acogieron. Tanto desde el punto de vista laboral como personal.

Cuando va pasando el tiempo, muchos de mis objetivos profesionales se cumplieron, conseguí demostrar y demostrarme mi valía, trabajar en grandes proyectos internacionales muy enriquecedores, pero continuar en la vorágine de ascenso significaba mucho estrés y poca vida personal. Hay un momento que decides frenar, ya no eres tan joven, tus ambiciones se transforman, ya no quieres llegar a… sino disfrutar del viaje.

De la ciudad al campo

Este cambio de vida, mentalidad y esencia puede producirse en cualquier parte. Yo decidí realizarlo en una zona rural. Concretamente en Azuel, una pedanía situada en el corazón del Parque Natural Sierra Cardeña Montoro. En el norte de Córdoba. Un paraíso natural, donde disfrutar de aire y comida sana, tranquilidad y armonía.

Llegar hasta este punto, fue un arduo trabajo. Tuve que volver planificar mi vida. Dejar un trabajo estable, para convertirme en autónomo. Conseguir una serie de clientes en las ciudades que me permitieran teletrabajar y mantener una situación económica viable. Alquilar mi casa en Sevilla,.. y un largo etc. Cuando por fin consigues todo esto y crees tenerlo todo controlado, llegas al campo y descubres que el hospital más cercano está a 60Km. Los especialistas a 60 u 80km, Si tienes hijos, las oportunidades académicas son muy reducidas, que dependes de un coche y sus gastos para todo, que la economía para mantener tu nueva casa se dispara, al igual que el trabajo (huerto, leña, reparaciones) …, tus conversaciones se reducen a hablar del tiempo, del campo, de rutas, tienes que adaptar la búsqueda de tu nueva vivienda a una zona donde llegue internet…. Si necesitas algo urgente, olvídate. Si es algo especializado, o lo pides por internet o tienes que ir a buscarlo a la urbe.

Laboralmente sigues dependiendo de la ciudad, ya que, encontrar clientes que necesiten tecnología en esta zona es muy complicado. Con los proveedores ocurre exactamente lo mismo.

Está claro que las ventajas de la ciudad a nivel social, cultural, académicas, laborales, sanitarias y un largo etc son indiscutiblemente mayores.

No obstante, la pregunta es. ¿Disponer de todas esas ventajas te compensa personal y emocionalmente? En mi caso no. Para mi disfrutar de la naturaleza, vivir sin estrés excesivo, hacer una vida menos sedentaria, evitar atascos y aglomeraciones, conocer a gente muy interesante con una sabiduría mayúscula, iniciar nuevos proyectos lejanos a todo lo que he hecho antes… actualmente, esto supera los beneficios. No obstante, cuando tenga cierta edad, puede que sea más prioritario tener un médico cerca que otras cuestiones que ahora mismo valoro.

Un consejo. Si quieres vivir en el campo planifica, planifica y…. planifica antes de hacerlo. Ya que no sólo se vive de un paisaje bonito.

  1. #8
    Anónimo

    Hay términos medios, ciudades medianas que se pueden recorrer a pie: Zaragoza, Bilbao, Donostia, Merida. En estas ciudades la vida es más tranquila ahora bien, tienes menos oportunidades y te aburres un poco. Personalmente he vivido 15 años en una casa de campo (Baserri) a 10km de Bilbao y prefiero vivir en la ciudad. Te da más liberdad el ser más anónimo, en un pueblo, estas obligado a gestionar a los vecinos. Allá cada uno. Yo por si acaso, probaría una temporada antes de tirarme a hipotecas y demás por una idealización rural. Esta ultima reflexión es validad para cualquier cambio: Campo-ciudad, periferia-centro, ciudad-campo.... Un saludo.

  2. #7
    Ares Ruiz

    Personalmente he probado ambas opciones y sin lugar a dudas, a pesar de los trastornos que pueda ocasionar vivir lejos de los privilegios de las grandes ciudades, no cambiaría por nada el aire puro, la tranquilidad y otras muchas ventajas que ofrece vivir en un entorno rural. Muchas gracias Esperanza por compartir tu experiencia.

  3. #6
    Esperanza Mateos

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Ha sido un placer compartir mi experiencia personal

  4. #5
    Esperanza Mateos

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Y si makertan. No me he parado lo suficiente para hablar de lo malo de la ciudad, Como tu dices, contaminación, atascos, masificación, estrés, exceso de asfalto, delincuencia y un largo etc.

  5. #4
    Marta

    Me encanta. Muchas gracias por compartir tu experiencia. Mis mejores deseos en tu nueva vida. Un abrazo.

  6. #3
    @makertan

    Yo con la poca edad que tengo, ya empiezo a odiar muchas de las cosas que implícitamente te ofrecen las grandes ciudades (contaminación, masificación, estrés, alimentación...) no descarto en un futuro seguir este camino, camino que por otra parte, ya están siguiendo algunos jóvenes - y no tan jóvenes -

  7. #2
    Gorka

    Con mucho dinero no cambiaría la ciudad por el campo. Sin cargas y sin nada que te ate creo que el campo es una opción que muchos estamos valorando por el coste pero sobre todo por la calidad de vida. Cambiar es difícil por eso aprecio a quiénes lo hacen. Bien hecho Esperanza!

  8. #1
    David

    Gran relato. Estamos viendo como el dinero está perdiendo importancia y la está ganando la calidad del tiempo disfrutado. Gracias a ello muchos pueblos que se estaban despoblando vuelven a recuperar habitantes. Buena reflexión

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