La ética digital en torno a la privacidad no es una cosa para abogados

Lo digo en serio. Se ha vuelto muy popular hablar sobre “digital ethics” o “data ethics”, vamos ética en torno a la privacidad de toda la vida, pero… ¿qué es la ética?, ¿de qué estamos hablando en realidad? Bueno, según la definición de la RAE son un conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Normas morales, que no legales.

Es un hecho que, en una economía que se basa en datos, la confianza se vuelve esencial. Las leyes de privacidad se están renovando y actualizando a nivel mundial. El común denominador a todas ellas es que están aumentando las expectativas sobre las empresas y reforzando los derechos de los ciudadanos.

“En un mundo impulsado por datos, las preocupaciones de los clientes en torno a la privacidad aumentan y se convertirán en uno de los principales diferenciadores y valores de marca”

Todo ello está conectado con una demanda cada vez mayor de transparencia. A estas alturas, todos hemos asumido que las empresas utilizan nuestros datos personales (los que les damos y los que recogen de fuentes públicas). De lo que se trata es de saber exactamente qué hacen con ellos para entender cómo nos impacta en nuestra vida y tener control. No es casualidad que el nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos Personales (conocido como GDPR) dedique un artículo, bastante largo por cierto, a la transparencia que las empresas deben ofrecer a los ciudadanos.

La ética digital no es para los abogados

Obviamente, por todo lo anterior, poder presentarse como una empresa que trata los datos de manera ética suena bastante bien. En este contexto, hay muchos consultores tratando de vender la idea (y el servicio) de la ética de datos. Sin embargo, sinceramente creo, que están orientando mal el tiro al dirigirse a los abogados internos y las áreas de compliance de las empresas.

Los códigos éticos digitales son absolutamente necesarios, pero no son los abogados, ni los departamentos de cumplimiento, los que necesitan un código de ética. Por simplificar el tema:

  • La ley de privacidad regula lo que podemos hacer. Los abogados y especialistas en cumplimiento nos dicen si estamos violando la ley o no. Y los departamentos de riesgos ayudan a valorar la conveniencia de poner un pie en determinadas zonas grises (que siempre las hay)
  • La ética digital es lo que decidimos hacer. Es una decisión consciente, independientemente de los límites legales que tenemos hoy. Es sobre lo que elegimos hacer. De eso se trata la ética digital.

Las distintas áreas de negocio son las que necesitan el referente ético, es más, deberían liderar el debate. Ojo, necesitan un referente ético no porque sean mala gente intentando hacer cosas extrañas con los datos, sino porque verdaderamente vivimos en una permanente zona gris en la que las leyes no ofrecen una respuesta clara, y ahí necesitamos un marco de referencia que nos ayude a tomar decisiones.

Incluso cuando algo es legalmente posible, ¿es lo correcto?

En realidad, el principal interesado en la ética digital debería ser el responsable de marca. En un mundo impulsado por datos, las preocupaciones de los clientes en torno a la privacidad aumentan y se convertirán en uno de los principales diferenciadores y valores de marca.

Esto significa que las empresas realmente tienen que posicionarse y eso requiere un debate interno. ¿Qué marca queremos ser? ¿Qué imagen queremos proyectar? Todo esto está muy unido con los valores de la propia marca y a la sensibilidad de la sociedad. Lo que es seguro, es que los clientes exigen transparencia y control. Para alcanzar tales metas es un requisito previo tener un debate interno en el que definamos cuáles son los límites que nos queremos imponer porque creemos que son los adecuados.

Por tanto, la ética digital no es para los abogados. Es para las áreas de marketing, venta, ecommerce, Business Intelligence (BI), BigData, recursos humanos… Son ellos quiénes toman la decisión de cómo usar los datos. Esas decisiones se validan con abogados internos y responsables de cumplimiento, pero antes de saber si algo es legal o no, debemos saber si es lo que realmente queremos hacer en un mundo cada vez más complejo en el que se mezclan muchos aspectos a considerar (Si es técnicamente posible, el impacto económico a corto, medio y largo plazo, las posibilidades de innovación, lo que hace la competencia, la mejora en el servicio al cliente, la propia experiencia del cliente…)

Es hora de centrarse en la ética digital en torno a la privacidad, sin embargo, debemos ser claros acerca de quién debe impulsar la creación de dicho código ético. Y, ésa, no es tarea para los abogados, sino para las áreas de negocio que consumen datos.

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  1. #5
    María Carmen Yarnoz

    Muy de acuerdo con la autora y algunos de los comentaristas. La ética es transversal porque es lo fundamental para actuar en cualquier ámbito de la vida; si señalamos a los abogados como, en cierto modo, "depositarios" de la 'ética, ¿por qué no a los filósofos, a cuyo campo de estudio y reflexión "pertenece", desde sus orígenes? Trátese de empresas, marcas, propuestas, la ética debe subyacer a toda propuesta y decisión. Los códigos deontológicos de las distintas profesiones son un buen ejemplo de compromiso 'ético' y, al menos en Venezuela, en su elaboración no sólo han participado abogados sino diversos especialistas con sólida formación ética. Como se dice en ese país: "la 'ética debe mamarse con la leche materna": jugar y escuela son pilares fundamentales...

  2. #4
    Miguel Alvarez

    Completamente de acuerdo con María Gómez Moriano, añadiría aparte que para cumplir con las obligaciones éticas en el mundo actual hay que conocer (con más o menos profundidad) una parte tecnológica, en concreto: bases de datos, protocolos de seguridad, de dónde vienen los datos, procesos de anonimización, cómo gestionan las diversas plataformas los datos etc. Un mundo complejo exige soluciones complejas y un entendimiento transversal de las cosas. ¡Gracias por esta fantástica reflexión!

  3. #3
    Sandra

    Es evidente que la marca es la primera interesada en todo esto. Pero no por cumplir una ley que va demasiado despacio, sino porque el cliente (que es el que va delante de todo) demanda y es consciente cada vez más, del control de sus datos y de su privacidad. Que telefónica presente la opción AURA en un mundo en el que hasta hace poco ni se debatía que el dato era del usuario y siempre hemos dado por sentado que el dato era del que lo generaba, supone como bien dices María, que esto va mucho más allá de compliance, abogados, juristas y demás. Es algo transversal y que afecta a toda la empresa. ¡Buen artículo!

  4. #2
    Julián López

    Muy interesante esta reflexión. Las empresas suelen lavarse las manos y dejar en manos de abogados cosas como el reglamento europeo de protección de datos, la LOPD, las responsabilidades etc. Si recordáis, telefónica fichó al crack de la ciberseguridad (Chema Alonso) y tuvo un incidente con wannacry. De nada vale fichar o tener una persona experta en un tema si el resto de la organizacion se desentiende de su parte. Con la ética digital pasa lo mismo, debe haber abogados, pero no como impulsores de esto sino como consultores/mentores. La iniciativa la deben tomar los que trabajan con datos y analítica. Un saludo.

  5. #1
    Saúl González

    Entiendo lo que dices María, aún así, yo si creo que sea cosa para abogados. Son ellos los que saben que vale, qué no vale y que puede llegar a valer en esto de la ética de datos. El resto de departamentos (sobre todo los de data) deben saber de que va la vaina, pero el que debe marcar las directrices en este tema es un abogado/a que sepa o tenga una visión de negocio clara.

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